martes, 26 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 6 (+18)

- Pues sí, después de todo tenía el dedo meñique roto… - decía James mientras mi madre acababa de servir la cena.
- Pero hija… - replicó mi madre – aún no entiendo cómo pudiste romperte el dedo…
- Ya te lo dije, me caí – crucé una mirada con Andy y éste bajó su mirada al plato reprimiendo una sonrisa.

Terminamos de cenar y cada uno se encerró en sus respectivas habitaciones. Estaba ya casi conciliando el sueño cuando mi teléfono vibró al lado de mi cama. Con los ojos medio cerrados lo cogí y leí el mensaje, era de Andy.

A: No puedo dormir 
I: Pues por tu culpa ahora yo tampoco.
A: Que me pasa contigo enana?
I: Creo que yo no puedo contestar a eso…
A: Siento que me haces falta aquí en la cama conmigo…
I: Siento decepcionarte, mañana hay clase, buenas noches hermanito.
A: HERMANASTRO! Buenas noches a ti también.

A la mañana siguiente en clase, como ya me pasó la última vez, mi estado era de evasión total. En clase de Biología el profesor me puso un negativo por no llevar los deberes hechos y me llevé una reprimenda por no prestar atención. Era la primera vez en mi vida que me sucedía algo así, la gente de mi clase se quedó con la boca abierta, a todos pareció afectarles el hecho de que a la lista de la clase la regañaran excepto a mí misma, que seguí sumergida en mis propios pensamientos.

Cuando acabamos las clases Cornelia, Dann y yo fuimos a la casa de éste último a hacer los deberes. A lo mejor rodeada de ellos conseguía centrarme y pensar en lo que realmente importaba. En casa de Dann su madre nos preparó la merienda y subimos a encerrarnos en su habitación. Sacamos los libros y comenzamos con las tareas cuando Cornelia tuvo, de nuevo, que sacar el tema.

- ¿Pero se puede saber qué te pasa India? – me preguntó Cornelia – últimamente estás como ida y hoy… ¡Jamás te habían puesto un negativo en clase ni te habían llamado la atención! ¿Se puede saber qué te pasa?

Yo me quedé en silenció, sujetando el boli con la mano y con la vista fija en el libro.

- ¡India Biersack te estoy hablando! – gritó.
- Ya Cornelia ya – contesté.
- ¿Y bien? – esta vez fue Dann quien me apremió.
- A ver… esto os lo puedo contar, pero no tiene que salir de aquí, no puede salir de aquí ¿entendido? – los dos me miraron con los ojos como platos y asintieron con la cabeza sin hablar – el domingo, cuando Andy vino a mi habitación a revisarme los vendajes – hice una pausa que les puso aún más nerviosos – me besó… y ayer también… dos veces.

Tanto Dan como Cornelia me observaron abriendo los ojos desmesuradamente y mi amiga se llevó las manos a la boca.

- ¡JODER! – exclamó Dann - ¡Estás liada con tu hermano!
- ¡HERMANASTRO! – corregí.
- Y… - dijo Cornelia intentando recuperarse – pero tú… ahora… ¿qué vas a hacer?
- No lo sé… no tengo ni idea
- ¿A ti te gusta? – dijo Cornelia.
- Pueees… ahí está el problema… que no lo sé.
- ¡Joder India que es tu hermano! – exclamó Dann.
- ¡HERMANASTRO! – gritamos Cornelia y yo a la vez.
- Lo que pasa es que… he de admitir que me gustó… el beso
- ¿Besa bien? – preguntó Cornelia con esa mirada pervertida que se le ponía cuando hablábamos de esos temas.
- La verdad es que sí – y ambas estallamos en carcajadas.
- ¡Cornelia por favor! ¡Esto es serio! – la reprendió Dann.
- Oh Dann venga ya, es su hermanastro, aunque sus padres estén casados biológica y legítimamente no tienen nada en común, si algún día sus padres se separasen ellos podría pasar por dos completos desconocidos.
- A mí me parece una guarrada… - insistió mi amigo.
- No le escuches – dijo Cornelia – pero no hagas tampoco ninguna tontería, imagínate que pasaría si tus padres llegasen a saber de esto.
- Lo sé, necesito aclarar las ideas de mi cabeza…

A las siete de la tarde salí de casa de Dann rumbo a mi casa. Me sentía un poco más tranquila sabiendo que mis amigos me apoyaban, aunque Dann fuese más cascarrabias al final había aceptado a regañadientes que Andy y yo no éramos realmente hermanos y que lo que pasase entre nosotros debía de dejarse al instinto y a la naturaleza.

En casa estaba todo muy tranquilo, subí las escaleras y vi la puerta de la habitación de Andy medianamente abierta. Me acerqué con cuidado para que no me escuchase y le vi de espaldas a la puerta, sentado en su escritorio con la música puesta y haciendo los deberes, entrecerré la puerta del mismo modo que estaba antes de entrar yo y me fui a mi habitación.

Aproveché la soledad y tranquilidad de mi casa para darme un baño antes de cenar. Llené la bañera del cuarto de baño hasta arriba de espuma y me metí dentro. Dejé la mente en blanco y me relajé durante unos instantes hasta que de pronto la puerta se abrió con un estallido infernal y me hizo sobresaltar.

- ¡JODER! ¡Perdón perdón… no sabía… tú… yo no..! – Andy había entrado en el baño como si fuese un huracán.

Me zambullí en el agua más si cabe hasta que la espuma me cubrió la barbilla. Estaba sin palabras. No sabía qué hacer ni qué decir. Andy se había quedado paralizado en la entrada y yo no sabía cómo reaccionar.

- ¿Te importa dejarme asolas? – dije al fin, pareció que de ese modo le hice volver a la realidad.
- S-sí c-claro…
- ¡LA PUERTA! – grite para que la cerrase.

Salí de la bañera como alma que lleva el diablo, me envolví y con la toalla y me encerré en mi cuarto. Todavía estaba sobresaltada por lo que había sucedido con Andy, casi me había visto desnuda y, muy lejos de enfadarme, la visión suya, en frente de la puerta, sin palabras y con los ojos clavados en mí hizo que me recorriese una corriente eléctrica por toda la espalda.

Me puse algo cómodo para estar por casa y me disponía a termina los deberes cuando alguien llamó a la puerta.

- ¿Puedo pasar? – preguntaron desde fuera. Mi corazón dio un brinco.
- Adelante.
Andy se coló sutilmente en mi cuarto y se sentó en el borde de la cama al lado de la silla de mi escritorio.
- Siento lo de antes – dijo.
- No tiene importancia – le dije restándole carga al asunto.
- Cindy y papá están a punto de llegar… - dijo.

Yo no contesté, sólo me quedé mirándole a la espera de que dijese algo más.

- Sólo quería darte algo antes de que ellos llegasen.

Y sin darme tiempo a contestar me levantó de la silla, me empujó sobre la cama y se colocó encima de mí. Sus labios comenzaron a devorar mi boca con pasión, yo le correspondía, aunque estaba algo cohibida por la situación que estaba viviendo de repente. Sus labios abandonaron los míos para perderse por mi cuello, besándolo, acariciándolo… subía y bajaba de mi cuello a mis labios. Mi cuerpo dio un respingo cuando una de sus manos me cogió por las nalgas y apretó, con posesión. Me gustó aquel arranque de pasión y desenfreno por parte de Andy, mi cuerpo comenzó a reaccionar a sus caricias y noté como mi entrepierna comenzaba a humedecerse pero yo dudaba que él supiese que yo era novata en todo eso, en mi cara debería estar reflejada en aquel instante la inexperiencia que tenía.

Sus besos, cada vez más febriles, conseguían arrancar de mi boca suspiros lo que parecía alentarle a seguir. La mano que jugueteaba con mi nalga se separó de ella y se perdió por debajo de mi camiseta hasta llegar a tocarme un pecho. Di tal respingo que me removí debajo de él y conseguí apartarlo. Me recogí asustada por lo que había sucedido y me intenté cubrir con las manos.

- Lo-lo siento… - dijo sorprendido – yo… no sabía que tú no…

Yo le respondí bajando la mirada. Andy se acercó de nuevo a mi lado y me cogió de la mano besándola tiernamente. Volvió a subir hasta mis labios, pero esta vez fue más dulce y más pausado. Yo le correspondía el beso, recuperada del shock que me había producido su ímpetu.

- Así no Andy… - le dije – así no…
- Perdón – dijo – jamás haría nada que tú no quisieras-  y dicho esto me dio un casto beso en la frente.
En ese instante escuchamos a mis padres entrar en casa y Andy salió de mi cuarto y se encerró en el suyo.


A: Estas despierta?
I: Sí…
A: Cindy y papá ya están dormidos…
I: Y?

Me levanté sigilosamente de la cama y anduve por el pasillo de puntillas hasta detenerme en frente de su puerta. Una vez allí empujé despacio y asomé la cabeza para comprobar que ella estaba allí.

- ¿Puedo pasar? – susurré
- ¿Pero estás loco? ¿Y si nos pillan?
- Nadie va a pillarnos… ¿No oyes roncar a papá?

Me acerqué silenciosamente hasta su cama y me senté en el borde, a su lado.

- No podía irme a dormir sin darte las buenas noches…

Levanté mi mano y la deslicé con suavidad por su hombro, aunque ella no dijo nada sé que le puse la piel de gallina. Le cogí la cara con suavidad y la acerqué a mis labios, rozándolos con los míos. 

- Perdona si te he hecho sentir incómoda esta tarde… - dije – no era mi intención.

No habló. No dijo ni una palabra. Su boca se unió con la mía y nuestras lenguas se encontraron de nuevo, produciéndome aquella sensación ya tan característica que tenía cada vez que la besaba. Su cuerpo se inclinó hacia atrás y con él me arrastró a mí, quedando yo parcialmente encima de ella. Con una de sus manos cogió la mía y la colocó debajo de su camiseta, como invitándome a tocar aquello que me había negado horas antes. La miré a los ojos pero no vi duda, sino decisión y algo de miedo. Le sonreí antes de volver a perderme en sus labios mientras deslizaba mi mano había arriba de su cuerpo hasta encontrarme con sus pechos.

Le acaricié con suavidad aquella zona que mi mano cubría y ella soltó un suspiro, era yo el primero que la tocaba como a una mujer y debía de ser precavido. Mis dedos juguetearon con su pezón mientras que mi lengua acariciaba la suya con devoción. Separé mis labios de los suyos solo para recorrer la suave línea que formaba su cuello, bajé por su clavícula y me detuve en su pecho. Lo besé, lo saboreé con mi lengua y lo pellizqué entre mis dientes.

India se retorció debajo de mí y se mordió el labio inferior reprimiendo un gemido de placer. Yo le dediqué una sonrisa satisfecha e hice lo mismo con el otro pecho, acariciarlo, besarlo, morderlo… Nuestros cuerpos se buscaban el uno al otro pero no podía dejar que la situación se nos fuese de las manos, no teniendo a nuestros padres durmiendo a diez metros.

Deshice el camino por su cuello y regresé a sus labios de nuevo. 

- He de volver al cuarto Indi – le susurré.

Ella me miró con una mezcla de fastidio y comprensión que hizo que se me dibujase una sonrisa en la cara y la besase de nuevo.

- Nos vemos mañana, Andy – me dijo con su suave voz.
- Hasta mañana – dije levantándome y saliendo de su habitación.



Y con este capítulo queda oficialmente inaugurada la parte sexual del fic, a las que les seguirán muchas otras. Cada vez que haya contenido de este tipo en algún capítulo lo dejaré indicado al lado del título. Queridos lectores, espero que disfrutéis del fic y que os animéis a comentar, me gustaría saber qué pensáis. Querida Crold, espero que este capítulo te haya gustado y como fan incondicional que soy de tu fic espero que no nos dejes a la espera de un nuevo capítulo durante mucho tiempo! Feliz semana ^^

miércoles, 20 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 5

Me había besado. ¡No lo podía creer! ¡Mi hermanastro me había besado! Eso es lo que mi cabeza no dejaba de pensar una y otra vez mientras estaba acostada en la cama. Había intentado conciliar el sueño pero no podía de ninguna manera, estaba todavía demasiado conmocionada por lo que había sucedido en mi habitación con Andy. Y lo peor no había sido el beso, sino que yo le había correspondido… y no me arrepentía.
Cogí el teléfono y observe la última conexión suya del Whatsapp, para mi sorpresa aparecía en línea. Me quedé con el teléfono en la mano pensando en si hablarle o no, posiblemente, él estuviese en la misma situación que yo, dudando en si hablar sobre esto o dejarlo correr.
Estás ahí?” escribí y di al botón de enviar, a los pocos segundos Andy me respondió “”, joder, hubiese podido decir algo más. Me quede en blanco. No sabía qué más decir. Estaba bloqueada con ese asunto. “Nada, olvídalo, buenas noches” dije al fin, “sí India, volvería a hacerlo, buenas noches”. Esas fueron sus palabras que me dejaron con la boca abierta. O sea que no había sido un solo beso tonto… Dejé mi móvil sobre la mesita y cerré los ojos. Necesitaba descansar, al día siguiente había clase.

- ¿Pero se puede saber qué os pasa a vosotros dos hoy? – preguntó mi madre mientras se ponía un trozo de tostada en la boca – es la primera vez en mucho tiempo que os veo tan callados a la hora del desayuno ¿estáis bien?
- Sí mamá – respondí yo – me duele la mano, ya sabes…
Andy no dijo nada, simplemente se levantó de la mesa, recogió su plato y se fue, normalmente esperaba a que terminase pero ese día se fue a clase sólo.
- ¿Se puede saber qué le pasa a tu hermano? – preguntó mi madre.
- No lo sé mamá… a saber…
- Hacía tiempo que no le veía así, exactamente desde que lo dejo con esa chica… ¿cómo se llamaba?.... esa que le puso los cuernos con Ash…
- Rose mamá – la interrumpí – se llamaba Rose.
- Sí bueno, esa… - suspiró – puede que tenga otro lío suyo en la cabeza.
- Bueno, se me hace tarde… he de irme – recogí mis cosas, me levanté y me fui.
La mañana en el instituto transcurrió con normalidad. Me reuní con Cornelia y Dann y estuvimos hablando del sucedido en aquel pub el sábado por la noche.
- Indi, tu hermano se pasó con el tema – dijo Dann.
- Lo sé, lo sé – contesté – tuve una fuerte discusión con él por eso, hemos pasado todo el fin de semana sin dirigirnos la palabra…
- ¿Y qué te ha pasado en la mano? – preguntó Cornelia.
- Cuando volvimos a casa el sábado estaba tan cabreada con Andy que le di de puñetazos en las costillas… y me he roto un dedo – Dann y Cornelia estallaron a reír a carcajadas.
- ¡Pero a quién se le ocurre! – explicó Cornelia – Pegarle a tu hermano que mide el doble que tú…
- Él se lo buscó ¡me tenía harta! ¡Harta!
Estábamos hablando de lo nuestro cuando llegó la espléndida Farrah a molestarnos.
- Hombre, una cuadrilla de anormales ¿qué? ¿estáis hablando de que cuaderno para retrasados vais a hacer esta semana? – las hienas de sus amigas que le guardaban siempre las espaldas comenzaron a reír.
Normalmente, cuando Farrah se metía con nosotros nuestra regla de oro era ignorarla. Ella soltaba sus lindeces, se quedaba tan ancha y nosotros nos quitábamos de problemas, pero no sé si fue por la comedera de cabeza que llevaba con lo de Andy, o por la lucha interna que tenía en ese momento que decidí contestarle de malas maneras.
- Oye Farrah ¿por qué no te pierdes un rato y te vas a chuparle la polla al amiguito de tu novio, ¿eh? Así nos dejas un ratito en paz – mis amigos se quedaron con la boca abierta cuando escucharon lo que había dicho.
- ¿Qué has dicho? – preguntó Farrah con los ojos encendidos de furia.
- ¿Qué pasa? ¿Qué además de puta también eres sorda? – le solté.
Sus ojos se calvaron directamente en mi y oscilaron hasta mis amigos, al verse acorralada levantó la cabeza y optó por la opción más sabia, marcharse.
- Ten mucho cuidado Biersack – me amenazó, pero yo la ignoré.
- ¡Joder India! – exclamó Dann – no conocía yo esa faceta tuya de guerrera.
- Eres mi heroína – dijo Cornelia con los ojos como platos
- Venga, no es para tanto, pero de vez en cuando a esa perra deberían de bajarle los humos.
Anduvimos juntos hasta la clase que teníamos a continuación. Aunque intentaba concentrarme, me pase toda la clase con la cabeza en otro sitio, como en mi propio mundo. Eso no era propio de mí, normalmente, yo era una de las mejores en clase, y aquel día todo me la resbalaba. Dirigía mi mirada a la puerta para ver si conseguía ver a Andy pasar frente a ella, pero no tuve suerte.
- India – me llamó Cornelia - ¿te encuentras bien? Estás todo el día como ida…
A ella no podía engañarla, sé que podía confiar en ella, que no me defraudaría, pero lo que me había sucedido había sido muy fuerte, aunque Andy no fuese realmente mi hermano… nos habíamos criado como tal. Decidí no decirle nada y comentárselo más adelante. Posiblemente, sólo hubiese sido un beso.
Nos despedimos a la puerta del instituto y cada uno se fue a su casa, normalmente Andy siempre se esperaba a que yo saliese de clase para irnos juntos, pero aquel día no estaba. Decepcionada y algo dolida por su actitud emprendí el camino de vuelta yo sola. Al llegar a casa vi que él no estaba, había dejado sus cosas pero se había vuelto a marchar. No me apetecía ponerme a hacer los deberes, así que dejé la mochila aparcada en un rincón y me tumbé en el sofá.


Al salir de clase me fui a casa, dejé las cosas y me fui a casa de Ashley. No quería quedarme asolas con ella, al menos no de momento, sabía que la situación que iba a crearse iba ser cuanto menos incómoda, así que decidí evitarla.
Estuve casi toda la tarde de charla con mi mejor amigo y sobre las seis decidí volver a casa. Cuando abrí la puerta todo estaba tranquilo, como de costumbre. Mis padres no volverían hasta por los menos las nueve e India debería estar en su habitación haciendo los deberes o cantando creyendo que nadie la escuchaba. 
Crucé el salón para subir las escaleras cuando me di cuenta que el televisor estaba encendido. Me acerqué para apagarlo cuando vi a India acostada en el sofá, dormida. Me acerqué con sigilo para no despertara y me senté, con cuidado, en el borde del sofá. La observé durante unos instantes, estaba preciosa cuando dormía, el cabello le caía sobre la cara y, delicadamente, le cogí un mechón y se lo aparté, fue entonces cuando se revolvió en su sitio y abrió los ojos.
- Lo siento, no quería despertarte – dije.
- ¿Qué? ¿Qué hora es? ¿Dónde estabas? – dijo aún medio dormida.
- Son las seis, estaba en casa de Ashley y tu deberías estar haciendo los deberes – gimió y se volvió a recostar sobre la almohada.
Nos quedamos unos instantes en silencio, supongo que ambos pensando lo mismo pero sin decir una palabra, alguien tenía que romper el silencio.
- India… - comencé a decir, pero no supe continuar.
- Andy… - me imitó.
- Tú sabes que eres como mi hermana, ¿verdad? – ella asintió – pero realmente… nada nos une como familia ¿entiendes? – volvió a sentir.
- ¿A dónde quieres llegar Andy?
Y ni yo mismo lo sabía, sólo sabía que quería besarla, meter mi lengua en su boca, devorarla con pasión, arrancarle la ropa, tumbarla en el suelo y…. sacudí la cabeza para dejar volar aquellos pensamientos, pero hice caso a mi instinto, me volví a inclinar sobre ella y la besé de nuevo. Había estado todo el día soñando con esos labios, con los que me habían vuelto loco la noche anterior y no encontraba la ocasión de volver a saborearlos.
Aunque la pillé un poco por sorpresa no me apartó, ni se removió, ni me llamó gilipollas, sino que me correspondió de nuevo, colocó una mano alrededor de mi nuca y me empujó a saborear sus labios más profundamente. Nuestras lenguas se entrelazaban y se acariciaban la una dentro de la boca del otro. Comencé a sentir un calor tremendo subir por mi cuerpo, sabía a qué llevaba aquel placentero calor y decidí no dar rienda suelta a mi instinto masculino. Me separé un poco de su boca y la miré a los ojos.
- India… - le dije de nuevo - ¿Qué soy yo para ti? – pregunté.
- Eres mi estúpido hermanastro – dijo.
- Pero ¿soy solo eso?
India no contestó, sino que se incorporó en el sofá, se pegó a mi lado, me cogió de nuevo por la nuca y me acercó a su boca. Mis manos temblaban de nuevo por la excitación, le sujeté la cara con mis manos, la aparté unos centímetros y dirigí mis besos y caricias a su cuello, le mordí la suave piel que lo cubría, bese cada rincón, subí por su oreja y de nuevo en sus labios. Mi cuerpo necesitaba pegarse más y más al de ella pero debía controlarme… al menos de momento.

Mi hermanastro comenzó a besarme el cuello con suavidad, como nunca nadie lo había hecho, y lo decía en serio. Jamás había estado con un chico de manera seria ni había intimado con nadie. Se podría decir que él era el primero. Me dejé hacer por él, sus maravillosos labios besaban cada rincón de mi cuello y mi boca provocándome escalofríos y haciéndome sentir cierto hormigueo en una parte del cuerpo que no sabía que podía excitarse de esa manera.
- Andy – susurré entre beso y beso.
- ¿Sí? – dijo él
- No quiero ser tu juguete – le dije. 
Él se quedó paralizado, paró en seco y me miró fijamente.
- ¿Cómo que un juguete? – me preguntó ignorante - ¿por qué dices eso?
Yo dirigí mi mirada al suelo avergonzada. No tenía conocimiento de si mi hermano sabía de mi desastrosa e inexistente vida sexual antes de que su voraz boca profanase la mía, pero supongo que lo intuyó por mi expresión retraída.
Me rodeó con sus brazos y me acercó contra su pecho. Me meció lentamente en sus brazos y me besó la cabeza.
- India, te juro que no sé qué me pasa contigo, te lo juro, pero es diferente a todo lo demás que he tenido – me separó un poco de sus brazos y me miró a los ojos – no quiero hacer nada contigo que tú no quieras pero… mírame, eres muy especial en mi vida, siempre lo has sido, pero, por algún motivo, ahora lo eres más.
No contesté a sus palabras, solo dejé que me besase de nuevo.


Espero que disfrutéis de éste nuevo capitulo. Estoy frenando un poco a la hora de escribir de nuevos porque ahora voy algo más liada con mi vida diaria pero prometo seguir con mi línea y subir cada Miércoles. A mi fiel seguidora Crold, decirle que eché de menos un capítulo nuevo de su fic ayer, ¡espero que subas pronto porque sabes que me encanta tu historia! A mis demás lectores, decirles que estaría bien que se animaran a comentarme y decirme que tal les está pareciendo el fic. Un beso a tod@s ;)

miércoles, 13 de noviembre de 2013

CAPITULO 4

Aunque mi cabeza me exigía todo el rato que dejase de mirarla, no podía evitar echarle un ojo de vez en cuando. Odiaba que viniese a sitios como este, sé que a ella no le gustaba, venían por culpa del imbécil de Dann, que las obligaba periódicamente a aparecer por antros como estos vestidas como fulanas y sirviendo como cebo para muchos salidos del lugar.
Me prometí a mi mismo que dejaría de mirarla, pero mis ojos me traicionaron, y ahora doy gracias de que así lo hicieran. De un salto me levanté de mi asiento y sin siquiera mirar ni decir nada a mis amigos salí disparado hacia donde ella se encontraba. 
- ¿Qué coño haces? – le dije al tío que la cogía de la cintura – suéltala ahora mismo si no quieres perder los dientes….
- Shhhh – respondió el otro – tranquilo amigo, podemos compartirla
Con la rabia que sentía en aquel momento no pude reprimirme y le di un puñetazo en toda la cara. La gente alrededor se giró para mirarnos pero a mí no me importaba. 
- ¿Pero quién coño te has creído que eres? – le grite - ¡A mi hermana no le toca un pelo ni Dios! Venga, sal fuera si tienes cojones.
El chico se me quedó mirando con furia y temor a partes iguales y al final optó por irse profiriendo una serie de amenazas contra mí, pero yo no le escuchaba, cogí a mi hermanastra del antebrazo y la arrastré fuera.
En la salida se reunieron con nosotros su amiga Cornelia y el imbécil de Dann.
- ¿Se puede saber qué coño pasa contigo? – grito India - ¿por qué siempre tienes que meterte en mis cosas ¡eh!? ¡IMBÉCIL!
- ¡Cállate! – le grite – y tú – dije dándome la vuelta hacia Dann – tú tienes la culpa de esto, ¿Qué se supone que le hubiese pasado a mi hermana con ese tío si yo no hubiese estado aquí?
- Y-yo… l-lo siento, n-no… - Dan intentaba buscar las palabras adecuadas pero el shock le impedía casi hablar.
- ¡Nos vamos a casa! – dije tirando del brazo de mi hermana – Cornelia, a ti si quieres podemos acercarte, ¡pero a ti no! – le grité a Dann - ¡GILIPOLLAS!
Durante el trayecto a casa nadie hablaba, Cornelia estaba sentada en la parte de atrás callada como una tumba y India estaba a mi lado, pero sabía que en el momento en que su amiga saliese comenzaría una batalla campal entre nosotros.
Dejé a Cornelia en su casa y le di a India algo de intimidad para que se despidiese de ella. Me metí de nuevo en el coche y nos pusimos rumbo a casa.
- ¿Por qué coño tienes que ser siempre tan imbécil? ¡eh! ¡POR QUÉ! – ya empezaba.
- ¿Pero tú eres tonta? No me vengas ahora diciendo que no sabes a lo que iba aquel degenerado – le reproché.
- ¡Aún así no es asunto tuyo! ¡No es de tu incumbencia! ¡Me sé defender muy bien solita! Y espero que te disculpes con Dann por esto – reí ante su última afirmación – no te lo estoy diciendo de broma ¡GILIPOLLAS!
- India, deja de insultarme – la amenacé.
- ¡NO ME DA LA GANA! ¡GILIPOLLAS! ¡IMBÉCIL!
Pare el coche en seco para poder volverme hacia ella. La cerveza le había dado una rojez en las mejillas que resaltaba en su pálida piel y la rabia de sus ojos hacia que brillasen como dos joyas. Intenté controlar mis impulsos masculinos y me centré en la discusión.
- ¡DEJA DE INSULTARME! – chillé - ¡Eres mi hermana, joder!
- ¡No soy tu hermana! Soy tu hermanastra – corrigió.
- ¡Lo que sea! Pero no voy a permitir que niñatos de mierda como el de hoy te manoseé como lo ha hecho ese imbécil.
- Con quien me manosee o me deje de manosear no es asunto tuyo, ¡no soy de tu propiedad!
- India… - dije en un tono más conciliador – no quiero discutir, no estás en condiciones – volví a poner el coche en marcha y llegamos hasta casa.
Cuando bajamos del coche mi querida hermanastra vino hasta mí y comenzó a golpearme con el puño cerrado, gracias a Dios sus manos eran la mitad que las mías y sólo notaba cosquillas. 
- ¡Deja de pegarme ya! – le dije sujetándola de los codos y zarandeándola.
- ¿Por qué eres así conmigo? – me reprochó - ¿POR QUÉ? 
Escuche un sollozo a mis espaldas y supe que se había puesto a llorar. Si algo conseguía que me quedase completamente desarmado era que se pusiese a llorar, lo odiaba, me hacía sentir culpable.
- India… - le dije siguiéndola, pero ella subió por las escaleras y se encerró en su habitación.
Llegué hasta su puerta e hice el amago de llamar, pero retire mi puño antes de que este golpease la puerta. Podía escucharla llorar y apreté los labios de rabia. Puede que ella estuviese enfadada, pero yo estaba convencido de que había hecho lo correcto.

Me levanté con un tremendo dolor de nudillos. Tenía dos dedos una mano algo amoratados y me dolía al moverlos, esperé que no estuviesen rotos. Llevé mi mano a la boca al recordar lo sucedido la noche anterior, esos moretones no podían ser de otra cosa más de cuando golpeé a Andy al llegar a casa ¿cómo había desarrollado esos músculos en tan poco tiempo? ¡Pero si de pequeño era un blandengue!
Bajé las escaleras para reunirme en la cocina con mi familia para desayunar. Andy ya estaba sentado en la mesa con sus tostadas preparadas, James leía el periódico y mi madre terminaba de preparar el desayuno. Los domingos eran el día libre de mis padres y solíamos hacer algo juntos en familia.
- Buenos días cariño – dijo mi madre - ¿Qué te apetece comer? – preguntó.
- Me da igual mamá – dije con desgana – no tengo mucha hambre.
- ¿¡Qué es lo que tienes en la mano!? – dijo James levantando la voz.
La mirada de los tres se dirigió a los moretones de la mano mientras James la levantaba.
- ¿Cómo te has hecho eso? – preguntó mi madre observando el cuadro.
Andy y yo intercambiamos una mirada de segundos pero que fácilmente podría transcribirse como “Si te vas de la boca te mato” “No voy a decir nada enana de mierda, eso te pasa por pegarme”.
James tocó la zona amoratada y yo chillé de dolor.
- No creo que estén rotos si los puedes mover, pero te voy a hacer un vendaje para asegurarnos de que los mueves lo menos posible.
- ¿Se puede saber qué pasa por la cabeza de mi hija para llegar estos extremos? – preguntó mi madre de nuevo.
- Nada mamá… - mi cabeza pensaba una excusa a dos mil por hora – ayer… eh… salimos y… me caí, en la acera, y me apoyé con las manos… creo que el golpe me lo di en los dedos… - salvada.
James terminó de desayunar y fue a por sus cosas de médico para vendarme los dedos, me colocó una férula para mantenerlos rectos y los envolvió con una venda. Mi madre y Andy estaban arreglándose en su habitación, ese día iríamos a comer a un restaurante.
Me arreglé todo lo rápido que puede y bajé al salón para reunirme con mi familia, cuando Andy me vio la venda de la mano soltó una sonora carcajada.
- Ay hermanita… - dijo – eso te pasa por ser una rebelde.
Le miré asesinándolo con la mirada y seguí a mis padres hasta el coche. Durante el trayecto hasta el restaurante Andy no dejó de reírse de mí por lo bajo y hacerme burla por lo sucedido con mi mano. Maldito imbécil. Esto ni iba a quedar así.

- El fin de semana que viene vuestro padre y yo estaremos en Nueva York por una conferencia de neurocirugía – dijo mi madre – así que os quedaréis solos en casa, ¿creéis que será necesario que llame a vuestra tía Seyma para que os eche un ojo? – preguntó mirándonos a los dos de soslayo.
- ¡No! – exclamamos al unísono – sabemos cuidarnos muy bien solos – dije yo.
- Eso lo sé – dijo ella – pero no me fío de vosotros ni un pelo, siempre acabáis discutiendo y peleando cuando estáis juntos.
- Tranquila Cindy – habló Andy – te prometo que nos comportaremos.
- Venga cariño – dijo James – los niños ya son mayorcitos, Andy ya es mayor de edad, él puede encargarse de India.
- ¡No necesito un niñero! – exclamé yo.
- Tu mano vendada no dice lo mismo… - me pinchó Andy.
- ¡Pero serás imbécil! – le contesté
- ¡Te he dicho mil veces que no me llames imbécil! – respondió.
- ¡GILIPOLLAS!
- ¡Suficiente! – dijo mi madre en un grito ahogado para que los de las mesas colindantes no se percataran de nuestra riña - ¿¡Veis por qué no me fío un pelo!? Deberéis de hacer muchos méritos de aquí al sábado para que no llame a Seyma…
Andy y yo volvimos a intercambiar una mirada asesina antes de centrarnos de nuevo en nuestros platos.

De verdad que a veces la tontaina de mi hermanastra me llegaba a sacar de quicio, por su culpa íbamos a estar toda la semana bajo vigilancia extrema antes de decidir si podíamos quedarnos solos en casa o no. Intenté no meterme más con ella durante la comida para evitar que saltara su chispa discutidora y nos ganásemos otra reprimenda por parte de nuestros padres.
Al acabar de comer dimos un paseo por el parque de la ciudad, mis padres iban unos cuantos metros por delante de nosotros así que aproveché para coger del codo a mi querida hermanita y apartarla de la vista de nuestros padres unos minutos.
- ¿Se puede saber que mosca te ha picado? – le dije mirándola fijamente a los ojos.
- ¿A mí? ¿Qué mosca te ha picado a ti? Diría yo – dijo.
- Deja de comportarte ya como una niña si no quieres tener una niñera este fin de semana instalada en casa, ya sabes cómo es tía Seyma…
- Aún sigo enfada contigo, no me has pedido perdón por lo de anoche, no tengo nada que hablar contigo – se soltó de mi mano y se alejó andando unos metros.
- ¿A dónde te crees que vas? – dije cogiéndola y trayéndola de vuelta – No pienso pedirte perdón por algo que no hice mal, te guste o no eres mi hermana pequeña y si alguien se pasa contigo he de protegerte.
- Hermanastra – corrigió – y nadie te ha dado el titulo de protector del reino así que bájate esos humos y déjame vivir mi vida en paz.
Nos sostuvimos la mirada unos segundos, sus penetrantes ojos verdes me miraban brillantes de furia y me quede mudo por unos instantes. De verdad que no comprendía qué me pasaba últimamente con India, cuando me miraba, cuando me tocaba, cuando sacaba todo su mal humor hacia mí… Era como que me gustaba esa situación y esa faceta suya.
Mis padres se habían parado para ver donde nos habíamos metido y continuamos con el paseo. Durante la caminata ni India ni yo nos dirigimos la palabra. Yo la observaba de reojo cuando ella no se daba cuenta, me gustaba el movimiento que tenía de caderas cuando andaba, de pequeña parecía el palo de una escoba, pero ahora que había crecido tenía unas curvas bastante notorias. Vi por el rabillo del ojo que cada vez que movía el brazo herido hacía una mueca de dolor, aunque intentaba disimularlo yo se que le dolía a males, ese morado que había traído por la mañana no tenía pinta de ser nada saludable.
Volvimos a casa en el coche, yo iba charlando animadamente con mi padre y Cindy, pero mi hermanita estaba extrañamente callada, normalmente no estaba tan en silencio a no ser que algo le preocupase y le doliese, y mi tercer ojo decía que la mano la estaba matando.
Llegamos a casa y cada uno se fue a sus respectivas habitaciones a ponerse cómodo. Eran ya las ocho de la tarde y mañana había clase, así que dentro de nada cenaríamos y nos acostaríamos.
Estaba sentado en el salón cuando mi padre vino y se sentó a mi lado.
- Andy, hijo ¿me haces un favor? – preguntó.
- Claro papá.
- Toma – me tendió un paquete con un rollo de vendas y unos apósitos – ve a la habitación de tu hermana y cambiarle el vendaje como te enseñé – me dijo.
Mi padre, al igual que Cindy, albergaban la esperanza de que alguno de los dos, o los dos, siguiésemos sus pasos en eso de la medicina como habían hecho ellos, pero todavía no habíamos querido decepcionarlos con nuestras perspectivas de futuro. Mi idea era triunfar en el mundo de la música con la banda que tan ilusionados habíamos comenzado a formar mis amigos y yo, y mi hermana… bueno, aunque no lo dijese y lo intentara ocultar, yo la había escuchado cantar a escondidas y era realmente buena, supongo que tampoco era carne de hospital.
Con la voluntad de no defraudar a mi padre cogí el material que me tendía y me encaminé escaleras arriba. Puede que el vendaje lo hiciese medianamente bien, pero la bronca que me iba a llevar por parte de India esperaba que no fuese tan agresiva como para necesitar yo vendajes también.
Llegué a la puerta de su habitación y llamé suavemente. 
- ¡Dejadme! ¡No quiero salir! – gritó desde dentro.
- Indi, soy yo – dije lo más dulcemente posible para no cabrearla aún más.
- ¡Vete! ¡IMBÉCIL! – gritó.
Yo cogí aire y abrí la puerta lentamente. La vi acostada en la cama con los auriculares puestos.
- Andy, te he dicho que fuera – dijo mientras se incorporaba.
- Shh – dije para tranquilizarla y levanté mis manos en son de paz - ¡Vale ya India! – la regañé – me ha enviado papá para revisarte el vendaje.
- ¿Te crees médico ahora? – preguntó insolente.
- No quiero discutir…- dije agotado.
Me senté en el borde de su cama y ella se incorporó hasta colocarse sentada a mi lado.
- Sé que lo de ayer te jodió – dije ahora con un tono más conciliador – pero entiende que vi a ese mamón pegándose a ti y se me hizo de noche.
- Ya Andy – dijo ella sin ánimos de discutir – pero no me gusta sentirme controlada por ti en todo momento, soy dos años menor, sí, pero no soy ya una niña…
- Lo siento… - dije al fin, no sé como lo hacía, pero siempre acababa yo disculpándome ante ella.
- Venga, a ver tus dotes médicas – me dijo tendiéndome la mano.
Le quite el vendaje despacio, prestando atención a las muecas de dolor que hacía cada vez que le rozaba la zona. Quité también la férula y dejé al descubierto sus dedos aún más morados si cabe que esta mañana.
- Diga lo que diga James, yo creo que están rotos – dijo.
- Tengo un cuerpo de acero  ¿qué quieres que haga? – dije en broma, ella sonrió tímidamente.
- ¿Te duele? – dije rozando con la yema de mi dedo el suyo, la mueca de dolor se hizo más intensa y ahogó un gemido de dolor.
- Mucho.
- Lo siento.
La observé por unos momentos mientras ella relajaba el rostro, no me había parado nunca a observar lo bonita que era, su cabello castaño caía en cascada sobre sus hombros y sus ojos verdes se posaron sobre los míos. Ninguno dijo nada. Acerqué su mano herida a mis labios y los rocé con ternura, procurando no hacerle daño como antes, besé la zona de los nudillos y subí por los dedos acariciándolos con mis labios. Ella me observaba en silencio, como embrujada por alguna magia oculta, sus penetrantes ojos me observaban expectantes, como esperando ver qué ocurriría después, sus labios estaban separados levemente y como si una fuerza externa me atrapase en aquel instante me fui acercando con lentitud a su rostro, rocé mi nariz contra la suya, cerré los ojos y dejé caer mis labios sobre los suyos.
Entreabrí un poco mis labios y, para mi sorpresa ella me correspondió, me dejó entrar en su boca, introduje mi lengua despacio, con lentitud, hasta encontrarme con la suya, saboreé sus labios durante un tiempo, recreándome en disfrutar aquel beso que era, sin duda, el más maravilloso que había dado en mi vida. Acerqué más mi cuerpo a ella y coloqué mi mano tras su nuca, para poder acercarme su boca más a la mía. Acaricié su brazo con mi otra mano libre y pude notar el tacto de su piel que hizo que se me erizase el vello de la espalda. 
- ¡Andy! – la voz de mi padre nos hizo sobresaltar a los dos y como si nuestros cuerpos quemasen nos separamos a una velocidad vertiginosa - ¿Cómo va lo que te he pedido?
Yo aún seguía aturdido por el beso y me costó unos segundos acordarme para qué había ido a la habitación de India.
- Esto… bien bien, creo que lo he hecho bien – dije.
- ¿Te duele? – le preguntó mi padre a mi hermanastra.
- Mucho, yo creo que los tengo rotos, al menos uno de ellos.
Mi padre presionó con su mano el vendaje de India e hizo que profiriese un grito de dolor.
- Vale, vale, lo siento, mañana te llevaré a la consulta y te haré una placa, toma – le tendió una pastilla blanca- esto te ayudará a descansar.
Mi padre se fue y nos volvimos a quedar solos en la habitación, pero la magia del momento estaba rota, en su lugar ni ella ni yo sabíamos qué decir o cómo reaccionar.
- Me voy a acostar ya Andy – dijo – no me encuentro bien.
- Sí, claro, yo me voy a mi habitación… buenas noches.
- Hasta mañana.


Bueno, bueno... empieza la acción a partir de este capítulo! Espero no decepcionaros y que os guste cómo se va a ir desarrollando la historia. Querida Crold, siempre es un placer tenerte entre mis comentaristas, aunque seas la única ;). Besoos a todoos!

miércoles, 6 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 3

Era la una de la madrugada cuando salí de casa de mi amigo Dann. Rezaba y esperaba por todo lo sagrado que mis padres no hubiesen llegado a casa aún, con la que estaba cayendo y las horas que eran no les haría ni la más mínima gracia que su hija de dieciséis años anduviese sola por aquellas calles.
Estaba congelada y en una ventisca de viento el paraguas que llevaba se me rompió, saltándole todas las varillas y quedando completamente inservible. Todavía me quedaba un buen trecho hasta llegar a casa y la chopada que llevaba no iba a ayudarme con mi problemilla.

Desde los tres años que sufría un asma crónico bronquial que se manifestaba cada invierno nada más cogiese un poco de frío. Una vez, estuve ingresada una semana en el hospital con respiradores porque era imposible que mi cuerpo cogiese aire por sí sólo. Desde entonces, mis padres habían sido siempre muy sobreprotectores conmigo e impedían que anduviese o fuese sola a ciertos lugares si llovía o hacía frío.
A medida que andaba iba notando como comenzaban a dolerme los pulmones y empecé a toser sin control, eso no era nada bueno, esperaba, al menos, poder llegar a casa, antes de desplomarme si es que me faltaba el aire. Intenté sacar el teléfono y llamar a Andy pero llovía demasiado, lo mejor sería darse prisa y llegar a casa cuanto antes.

Estaba sentado en el salón viendo la tele, los chicos hacía un rato que se habían marchado y me había quedado sólo, India aún no había llegado y si no venía en los próximos minutos me iba a ir a la cama. Estaba medio adormilado en el sofá cuando escuché la puerta y un fuerte golpe. ¡Maldita India! Siempre se golpeaba con el mueble del aparador… Estúpida. 

- ¿Estás bien? – pregunté al no escuchar ningún ruido más - ¡INDIA! – la llamé, pero nada.

Escuché una fuerte y desagradable tos en la entrada y los pelos se me pusieron de punta. No, ahora no… Corrí a la puerta y la vi de rodillas, empapada y tirada en el suelo. El golpe debía de ser de cuando se cayó.

Me sentía débil, necesitaba las costillas para coger aire, estaba comenzando a ahogarme y pronto perdería el conocimiento. Una figura alta y delgada que pude reconocer como Andy, se acercó a toda prisa hasta mí, cerró la puerta e intentó levantarme. Mi cuerpo pesaba como diez toneladas y me era imposible moverme, Andy se deshizo de mi abrigo y de parte de la ropa mojada.

- ¡EH! ¡Mírame! ¡Espabila! ¡No te duermas! – escuchaba que me decía mientras me golpeaba la cara – Maldita seas, ¿no podías llegar a casa como las personas normales? No, ¡tú siempre a lo grande!
- Ca-ca-llate í-ím-bec-il – le dije con menos fuerza de la que quería.

Andy intentó levantarme de nuevo pero yo no colaboraba, se me cerraban los ojos y perdía las fuerzas. Noté como me cogía de debajo de las piernas y de la espalda y me levantaba del suelo como una pluma, mis ojos se cerraban y él no paraba de decir gilipolleces para que los abriese.

- ¡O abres los ojos o te tiro al suelo! – casi gritaba - ¡INDIA! ¡OSTIA PUTA!
Me dejó sobre la cama y sacó el inhalador del cajón de mi cuarto. Me lo puso en la boca y aspiré el vapor como pude.
- ¿Quieres soplar como una mujer? – me decía – Voy a volver a ponértelo, mírame – el cansancio y el agotamiento hacía que no me concentrase en lo que hacía – ¡India, mírame! – dijo cogiéndome la cara – te lo voy a poner en la boca, y quiero que aspires ¿vale? – asentí.

Repitió el proceso unas dos o tres veces más pero, aunque noté algo de alivio en mis pulmones, me seguía costando respirar.

Andy se subió  la cama y se colocó detrás de mí. Hizo lo mismo que hacía mi madre cuando yo era pequeña para ayudarme a respirar. Colocó mi espalda en su pecho y mi cabeza en su hombro. Me pareció extraña esa actitud tan paternal de mi hermanastro, pero en ese momento me encontraba muy mal.

- Indi – dijo – quiero que sigas mi ritmo, ¿vale? Vamos a acompasarnos, cogemos aire – llenó sus pulmones y yo intenté hacer lo mismo con los míos – y lo soltamos – lo soltó despacito y yo le intenté seguir.
Estuvimos en esa posición unos cuantos minutos, no recuerdo exactamente cuántos, pero consiguió que mis respiraciones se acompasaran y que yo respirase normal, por fin.
- ¿Te encuentras mejor? – me susurró con voz suave
- Sí – dije – gracias.
- No tienes que dármelas, soy tu hermanastro – me contestó.

Apoyó su mejilla en mi cabeza y yo me giré para abrazarle. Quería con locura a ese imbécil, aunque a veces se metía demasiado conmigo.

- No le digas nada de esto a mamá y a James – le pedí – se enfadarían conmigo – le miré con cara lastimera.
- De acuerdo – cedió – pero que sea que última vez que haces otra locura así, ¿me oyes? – yo asentí con la cabeza.
Escuchamos la puerta abrirse desde abajo y la voz de nuestros padres en el rellano.
- Vete a tu cuarto – le pedí a Andy -  o sospecharan de que ha pasado algo – Andy me dio un beso en la frente y se marchó a su cuarto.

Nuestros padres subieron y tras comprobar que estábamos bien se fueron a su habitación. Yo estaba a punto de coger el sueño cuando el móvil vibró en el cabezal de la cama.

Andy: Me has dado un buen susto hermanita.
India: Lo siento, intentaré que eso no vuelva a pasar.

A: Procura que no, si no al que tendrán que ingresar por infarto será a mí.

Esa ocurrencia me hizo sonreír.

I: No lo permitiría, sabes que te quiero mucho, hermanito.
A: Yo también te quiero hermanita.                                                                                                                  
A la mañana siguiente bajamos a la cocina a desayunar con nuestros padres, aunque era sábado, ellos trabajaban y nosotros teníamos que hacer nuestros deberes y estudiar. En casa eran muy estrictos con respecto a los estudios, no aceptaban ninguna nota que bajase del 8 y tanto Andy como yo teníamos que ser los mejores de la clase.

El régimen de nuestros padres desde muy pequeños había ayudado a que a estas alturas los dos fuésemos bastante buenos con los estudios, pero ninguno de los dos tenía planeado estudiar una carrera o convertirse en lo que eran James y Cindy, yo quería ser actriz. Me encantaba actuar y me chiflaban el cine y las películas. De pequeña me imaginaba que ganaba un Óscar y que subía toda emocionada a recogerlo, Andy se burlaba de mí, pero después de tantos años seguía teniendo la misma ilusión que entonces, también me gustaba mucho cantar, y creo que lo hacía bastante bien, aunque jamás lo había hecho delante de nadie por vergüenza. Por supuesto que jamás había comentado con mis padres el hecho de estudiar arte dramático, al menos no de momento, estaban muy ilusionados con que Andy y yo fuésemos a la universidad y cuando sacaban el tema tanto él como yo no podíamos evitar mirarnos de reojo e intercambiar pensamientos silenciosos.

En cuanto a Andy…. Bueno… Sus ideas eran más fantásticas que las mías, soñaba con convertirse un autentico cantante de heavy metal con la banda esa de amigos anoréxicos que tenía, yo intentaba no decepcionarlo ni romperle los sueños, pero no le veía mucho futuro a ese plan.

Nuestros padres se despidieron de nosotros y nos dejaron asolas en casa. Cuando acabamos de desayunar Andy y yo bajamos los libros y nos pusimos a estudiar juntos en el salón. Al principio siempre solíamos concentrarnos en las tareas, pero a medida que avanzaba la mañana siempre acabábamos peleándonos o tirándonos bolas de papel de una esquina de la mesa a otra, y ese día no iba  ser menos.

Ya por la tarde cada uno seguía su propia marcha. Yo quedaba con mis amigos y Andy con los suyos. Casi siempre acabábamos discutiendo con nuestros padres porque yo debía volver a casa a la 1 de la madrugada mientras que Andy podía volver cuando le pareciese “Él ya tiene dieciocho años” me decían, pero antes de cumplirlos también volvía cuando le parecía.

Después de la ya diaria discusión por Andy para usar el baño me arreglé y me fui a ver a mis amigos. Los sábados por la noche solíamos ir al centro de la ciudad, paseábamos por el centro comercial y nos íbamos a alguna discoteca o pub de la zona.

Normalmente, a mi no me gustaban mucho los sitios donde se concentraba demasiada gente o ponían la música demasiado alta. Prefería los lugares algo tranquilos donde disfrutar y charlar un rato con la gente. Pero a Dann le encantaban esos sitios y solíamos ir de vez en cuando para complacerle a él.
Entramos al local y la música estaba altísima, un tema de Rihanna sonaba en aquel momento. Seguí a Cornelia y a Dann hasta la barra y nos pedimos unas cervezas, no llevábamos ni quince minutos allí dentro cuando vimos aparecer a mi hermanastro con unos amigos.

- ¿No es ese Andy? – me gritó Cornelia al oído.
- ¿Pero qué coño hace aquí? – pregunté furiosa.

No me gustaba nada salir de fiesta por los mismos lugares que Andy, de vez en cuando se comportaba como un niño conmigo y siempre acabábamos discutiendo. Me acerqué a ellos y llamé su atención.

- ¿Se puede saber que haces aquí? Creía que a ti te iban más los lugares con música metalera y tíos con más melena que una chica – Andy me miró sorprendido.
- La pregunta es, ¿cómo coño te han dejado entrar a ti aquí? En la puerta pone que está prohibida la entrada a menores de 18, ¿no me jodas que no te han pedido el carnet? – preguntó molesto.
- Pues ya ves que no, ni a mí ni a mis dos amigos, aquí una sabe aparentar más edad de la que tiene – contesté retadora.
- Mira India, tengamos la fiesta en paz, no me meteré ni contigo ni con tus amiguitos, pero por favor controla – rogó.
- Yo siempre.

Volví con Cornelia y con Dann, eran las doce de la noche, faltaba una hora para que tuviese que volver a casa y ya iba por mi tercera cerveza, he de decir que sólo con 2 ya iba bastante puesta. Veía como desde el otro lado de la sala Andy no me quitaba el ojo de encima, supongo que controlando que todo estuviese correcto, que pesado era…

Estaba bailando con Cornelia cuando un chico un poco más mayor que yo se acercó a mí.

- ¿Te puedo invitar a una copa? – preguntó.
- Lo siento chaval – dije – no hablo con desconocidos.
- Podría dejar de ser un desconocido… - dijo intentando parecer seductor.
- No me interesa – le corté.
- Venga – el tío se pegó más a mí y paso su mano por mi cintura – deja que te invite a algo.
- ¡He dicho que no! – le grité intentando apartarme de él, pero cada vez me cogía con más fuerza - ¡Qué me sueltes imbécil!



Hola hola querida seguidora y lectores no manifiestos. Aquí el tercer capítulo del fic! Confieso que, aunque siempre que cuelgo capítulo lo hago teniendo ya unos cuantos adelantados me he enganchado con el más importante... pero prometo arreglarlo pronto y seguir subiendo semanalmente. Querida Crold, en este fic he querido dar a Andy una personalidad más "buenaza" por así decirlo, quiero que aparente ser un chico duro por fuera pero más "blandengue" por dentro cuando lo tocan la fibra sensible, de todas formas, espero que poco a poco descubras el Andy canalla de la historia y gracias por tus comentarios, creo que, verdaderamente, subo capítulo sólo por ti. Un beso a todos lo que no se manifiestan y espero que llegueis a animaros a comentarme :)