Hola a todas,
Como prometí, aquí un aviso para explicaron un poco la trama y los personajes de la segunda temporada. Sé que no os esperabais la muerte de India pero tranquilas, todo tiene una razón de ser, ya lo iréis descubriendo.
PERSONAJES:
- Amanda Reed: Estudiante de Publicidad y Marketing en la Universidad de California. Sueña con llegar a ser mánager.
- Diana Spencer: Compañera de piso de Amanda, estudia Derecho en la Universidad de California.
- Dean Jones: Amigo de Diana de la universidad.
- Marya Estuardo: Una de las mejores amigas de Amanda, estudia con ella.
La trama transcurre en Los Ángeles. Estos personajes son los que más aparecerán, aunque también habrá secundarios.
La manera de introducir los diálogos es la misma que la de la primera parte, en cursiva Andy pero en este caso la normal corresponde a Amanda. Si alguno de los personajes tiene un propio punto de vista ya lo indicaré.
Si todo va como lo he planeado, el domingo habrá nuevo capítulo.
Crold; me he alegrado mucho de haber recibido noticias tuyas! Me alegra saber que la historia continuará, espero impaciente nuevos capítulos!
jueves, 27 de febrero de 2014
domingo, 23 de febrero de 2014
CAPÍTULO 15
Estaba sentada en la cama con la mirada perdida en algún
punto de la pared de mi dormitorio mientras Cornelia leía una y otra y otra vez
las cartas que la madre de Dann me había dado.
-
Pero… esto… no puede ser – dijo mi amiga sin
apartar la vista de ellas – o sea que ¡está enamorado de ti! – exclamó sin
ningún tipo de reacción por mi parte - ¡INDIA!
-
¿Eh? – dije saliendo de mi trance – sí sí, eso
parece.
-
¿Y lo sabe alguien más? – preguntó.
En aquel momento no pude evitar pensar en Andy y que la
sangre me hirviese bajo la piel.
-
El imbécil de Andy entró en mi cuarto y me
arrancó la carta de las manos, sólo leyó la primera.
-
¿Tú crees que está celoso?
-
No sé… el otro día lo hicimos en la ducha, con
mi padres en casa.
-
¿¡Qué!?
-
Se metió en el baño y… pasó. Me dijo que sabía
que estaba mal, pero que ya no podía parar.
-
Yo creo que se ha obsesionado contigo. Tú, ¿le
quieres? Como algo más…
-
No había sentido nada así por nadie, eso es
verdad, pero tampoco sé muy bien cómo hacerlo, ¿qué es lo siguiente? Él y yo
nunca podremos tener una relación normal, es imposible.
Callamos en seco cuando escuchamos a mi madre entrar en
la habitación. Había conseguido que mis padres dejasen que Cornelia se quedase
a dormir en casa diciendo que teníamos examen al día siguiente y queríamos
estudiar juntas.
-
¿Bajáis a cenar? – preguntó.
-
Sí mamá, ahora vamos.
La cena transcurrió
un tanto incómoda, yo sabía lo de Cornelia con Purdy, ella sabía lo mío con
India e India seguro que se lo había contado todo. Cuando terminaron ellas dos
subieron a su cuarto y yo me conseguí escabullir un par de horas a casa de
Christian para ensayar con los chicos. El nuevo batería era realmente bueno,
todos nos sorprendimos al escucharle tocar, no cabe duda que nada mas tocamos
la primera canción con él entró a formar parte de la banda.
Cuando llegué a casa
la luz del cuarto de India seguía encendida y sentí la necesidad de ir a hablar
con ella. Llamé a su puerta con los nudillos y la entreabrí.
-
¿Puedo
pasar? - pregunté.
Ella y Cornelia
intercambiaron una mirada cómplice ante mi pregunta.
-
Vengo en
son de paz – prometí – India, sólo quería hablar un momento asolas contigo, sí
es posible.
-
Estoy
ocupada Andy. Mañana tenemos examen.
-
No es
verdad. Sé que Conrelia ha venido por lo de las malditas carta de vuestro
amiguito.
Las dos se quedaron
en silencio y volvieron a intercambiar una mirada entre ellas. Vi como Cornelia
le daba un codazo disimuladamente y la forzaba a que viniese a hablar conmigo.
India se levantó
con pesadez y cerró la puerta tras de sí.
-
¿Qué
quieres Andy? – preguntó sin mirarme a la cara – sé breve.
-
Sólo
quería disculparme, lo siento, no debí de arrancarte la carta de las manos y
mucho menos entrar en tu cuarto sin permiso, fui un cabrón.
-
De
acuerdo, ¿algo más?
-
Necesito
saber que me perdonas.
-
Andy…
-contestó con cansancio – estoy harta de que seas así y de que te comportes
conmigo de esa manera. Primero dices que lo nuestro estuvo mal y me evitas,
luego me hechas un polvo en la ducha, y luego montas un numerito de celos
cuando te enteras que mi mejor amigo está enamorado de mi, ¿a qué juegas?
-
A volverme
loco contigo – le respondí.
-
Como tú
bien dijiste, lo nuestro es imposible.
-
Lo sé,
pero mientras deja que pequé contigo, de todas formas, voy a ir al infierno.
Atisbé una tímida
sonrisa asomándose por la comisura de sus labios cuando pronuncié aquellas
palabras y aquella reacción provocó que mi corazón diese un vuelco de alegría.
-
Tengo que
volver dentro – dijo con un tono más cordial – mañana hablamos.
Y dicho esto me
dedicó una inocente mirada entre sus pestañas antes de que la puerta de su habitación
se cerrase delante de mí.
Habían pasado ya dos semanas desde que el problema de
Dann nos había arrastrado como un tsunami, ahora, quince días después, él
parecía estar algo más recuperado y nosotras ya no temíamos por su vida. Aquel
día, Dann se incorporaba a las clases después de su reposo y tratamiento
psicológico en casa. Quizás, yo estaba más nerviosa de lo que podría estarlo
él, Cornelia y yo habíamos ido a visitarle a su casa en contadas ocasiones,
pero en ninguna de ellas había podido sacarle el tema de las cartas y su
contenido.
Necesitaba decirle que lo sabía y que él me diese una
explicación de su propia boca, este tema no podía quedarse enterrado en el
pasado como una mera anécdota puesto que, para mí, no lo era.
Esperé a Andy, como cada mañana, en el recibidor de casa
para ir los dos juntos al instituto. Nuestra relación estaba atascada en el
sexo y las peleas, podría definirse como una verdadera relación amor-odio,
pero, aún así, continuábamos con ella, quizás porque no sabíamos como
continuarla o, quizás, y más acertadamente, porque teníamos miedo de dar un
paso más.
La primavera había llegado y con ella mis desagradables
ataques de asma producidos por los alérgenos que flotaban en el ambiente. De
camino a clase tuvimos que parar un par de veces porque me fatigaba, algo
normal en aquella época del año. Andy, como siempre, se mostró atento y
paciente mientras yo andaba arrastrando los pies y mi alma por el camino,
suerte que tenía a mano los benditos inhaladores que siempre me salvaban la
jugada.
-
¿Nos vemos después de clase? – dijo Andy al
llegar a la entrada.
-
¿Hoy no tocas con tus amigos? – pregunté.
-
Ellos van a quedar, pero… prefiero aprovechar el
tiempo contigo.
Me dedicó una de esas sonrisas socarronas que sólo él
sabía poner. Eso sólo podía significar una cosa. Sexo prohibido después de
clase.
-
Nos vemos luego – dije, y me fui a clase.
Antes de entrar en el aula me tuve que parar un par de
veces a toser. En una de esas veces, mi mano apareció llena de puntitos rojos.
Jamás en la vida había tosido sangre, pero bueno, supuse que podría ser algo
normal en una época como aquella y seguí con mis quehaceres.
Entré a clase y me uní a Cornelia y Dann que ya estaban
allí. Mi amiga me miró, expectante, preguntándome con la mirada si iba a hablar
con él sobre las cartas. Debía, pero no en aquel momento, tenía que esperar a
encontrar el momento adecuado para sacarle el tema, o instarle a que él me lo
sacase a mí.
Dann parecía más animado, aunque en sus ojos se podía
leer aún algo de la depresión que decía el médico que se aquejaba, al menos, le
hicimos sonreír un par de veces. Sam y Farrah, que se sentaron un par de
pupitres a la izquierda de nosotros nos ignoraron por completo, más les valía,
pues estaba segura que ellos le proporcionaron a Dann las drogas aquella noche.
Encontramos nuestro momento de intimidad en el descanso
de la mañana. Le pedí a Cornelia que se excusase diciendo que tenía que irse a
cualquier sitio y que nos dejase solos. Después le contaría todo lo que
hubiésemos hablado.
Cuando nos quedamos asolas Dann se mantuvo en silencio,
como si yo no estuviese allí con él. Necesitaba sacarle el tema, saber la
verdad de su boca, pero no sabía cómo hacerlo, él lo hizo por mí.
-
Supongo que ya lo sabes – dijo
-
¿Saber el qué?
-
No te hagas la tonta India, sé que mi madre te
las dio.
Se hizo el silencio entre nosotros un instante más.
-
Creo que no hay nada más que decir – dijo, todo
esto, incapaz de mirarme a los ojos.
-
Lo que no entiendo es por qué no me lo contaste
tú y me tuve que enterar de esa manera.
Dann bufó mientras se cubría el rostro con las manos y
dirigía la mirada al suelo.
-
¿Crees que era tan fácil? Después de que te
liaste con Andy todo mi mundo que había construido alrededor de ti se vino
abajo.
-
Eso no es excusa para hacer lo que hiciste –
dije.
-
No lo hice por eso exactamente – contestó – fue
por frustración. Por todo en mi vida, no solo por ti.
-
Si me lo hubieses contado…
-
¿Tenía alguna oportunidad contigo?
Otro silencio incómodo. Quería a Dann, claro que le
quería, pero como amigo. Jamás le vi con otros ojos que no fuesen esos, además,
yo ahora solo tenía ojos para Andy.
-
Dann…
-
No hace falta que contestes, ya sé la respuesta…
- hizo una pausa en su discurso – me voy.
-
¿Cómo que te vas? – pregunté y la sangre se me
heló.
-
Mis padres han decidido mudarse de esta ciudad,
nos vamos a Nebraska, cuando acabe el curso nos vamos.
Me quedé muda ante sus palabras, mi mejor amigo se iba de
la ciudad para siempre. No podía ser verdad. Me levanté lentamente del banco
donde estaba sentada y caminé en dirección hacia el interior del instituto.
-
¡Eh ya estás aquí! ¿Cómo ha ido? ¿Habéis
hablado? – Cornelia me avasalló a preguntas en el pasillo del instituto pero
para mí su voz se me antojaba algo muy lejano - ¡INDIA! – me sacudió - ¡Di
algo!
-
Se va – conseguí decir.
-
¿Se va? ¿Cómo que se va? ¿Quién se va?
-
Dann… se va. A Nebraska. Cuando acabe el curso.
Al igual que me había pasado a mí cuando me lo había
dicho Cornelia se quedó paralizada como una estatua. Las dos nos miramos sin
decir nada. En aquel momento noté una angustia terrible y un sudor frío
recorriéndome la espalda y tuve que correr al baño. Vomité lo poco que había
comido aquella mañana y tosí, tosí mucho, y el retrete volvió a llenarse de
puntitos rojos como mi mano horas antes.
De camino a casa
había notado a India muy extraña. Su mirada se había apagado notablemente desde
esta mañana cuando la había visto por última vez, vislumbré unas oscuras ojeras
asomando por debajo de sus ojos y su andar era pesado, arrastrando los pies.
Aunque le había preguntado qué tal el día ella había insistido en que había
sido normal, que sólo estaba cansada por el efecto de la primavera.
Cuando llegamos a
casa lo primero que hizo fue ir a acostarse, maldecía su enfermedad y la manera
que la hacía sentir. Esperaba poder tener una tarde de sexo salvaje en casa
antes de que viniesen nuestros padres, pero el plan se había ido al garete.
Entré un par de veces en su cuarto para ver si estaba despierta o si se
encontraba mal, pero todas las veces dormía plácidamente, así que llamé a
Ashley y nos fuimos a ensayar a casa de Christian.
-
Me la
tiro, os lo digo en serio, dos citas más y…
Ashley nos estaba
contando con pelos y señales la cita que había tenido con Cornelia la última
noche, parecía que la inocente y pura amiga de India iba a caer en las garras
del mismísimo demonio si seguía en ese plan.
-
Joder qué
culo, qué tetas… ¡Madre mía!
-
¡Ashley
déjalo ya! No nos interesa tu maldito magreo con Cornelia, ¿o es que acaso
quieres que te cuente con todo lujo de detalles como me follo yo a India? –
todos a mi alrededor se echaron a reír.
-
Sí estás
dispuesto… somos todo oídos – dijo Jinxx acomodándose en su asiento.
-
¡Ah iros a
la mierda! – les contesté levantándome de la silla – y venga, poneos a ensayar.
Llevábamos como
media hora ensayando cuando noté que mi móvil vibraba dentro del bolsillo de mi
pantalón, estuve a punto de ignorarlo, pero hicimos un descanso y lo contesté.
Era India.
-
¿India? –
pregunté algo sorprendido por su llamada.
-
Andy…. –
escuché que respiraba con dificultad - tienes que venir a casa, James y mamá no
me cogen el teléfono, estoy asustada…
-
¿Pero qué
pasa? – pregunté algo inquieto.
-
No me
encuentro bien… - la escuché toser de una forma muy desagradable – ven a casa,
por favor.
-
En diez
minutos estoy allí.
Mis amigos me
observaban expectantes, su rostro había cambiado de la perversión inicial
cuando escucharon que era India a la preocupación al escuchar mi tono de voz.
-
Lo siento,
tengo que irme, India no se encuentra bien.
-
¿Quieres
que te acompañemos a casa? - preguntó Jake.
-
No, no, no
os preocupéis – y dicho esto salí hacia casa como alma que lleva el diablo.
Todo parecía
extrañamente en calma cuando llegué. Silencio absoluto.
-
¿India? –
pregunté con voz temblorosa mientras dejaba caer mi chaqueta al suelo -
¿¡INDIA!? – volví a llamarla, pero nada.
Subí las escaleras
de dos en dos, me temblaban las piernas. El corazón casi se me salió del pecho
cuando entré en su cuarto. Aquello parecía el escenario de la matanza de Texas.
La cama y el suelo estaban llenos de charcos de sangre oscura. Mis ojos volaron
nerviosos por la estancia, viendo sin ver y encontré a India en un rincón de la
misma, tirada en el suelo.
-
India –
susurré más que grité - ¡Eh! ¡Dime algo por favor! – dije mientras la
zarandeaba - ¡INDIA JODER! – grité, pero
sin obtener respuesta alguna.
La incorporé e
intenté reanimarla como pude pero sin éxito. Su rostro era pálido como el de un
cadáver y su cuerpo no respondía a ninguna orden. Comprobé que su corazón
seguía latiendo, aunque débilmente, y respiraba con dificultad.
No recuerdo las
veces que estuve llamando a mi padre sin que me contestara, la hija de puta de
la recepcionista creo que no entendió el término “de vida o muerte” porque me repetía
una y otra vez que el Doctor Biersack estaba en una operación. Cuando por fin
conseguí hablar con él no pude evitar perder los estribos.
-
¿Pero qué
pasa Andy?
-
¡Joder
papá! ¡QUÉ NO RESPIRA! ¡NO RESPIRA!
-
Tranquilízate
– dijo - ¿quién no respira?
-
¡INDIA!
¿QUIÉN COÑO VA A SER?
-
Voy para
allá.
Mientras esperaba
intenté mantenerla lo más erguida que pude, para evitar que se tragase la
sangre que salía de su boca. Intenté estimularla para obtener de ella alguna
respuesta, pero fue en vano, lo único que hice al final fue sentarme en el
suelo y sostenerla en mis brazos, rezando a un Dios en el que no creía para que
no se la llevase y la dejase aquí conmigo.
Escuché un sonoro
portazo seguido de unos pasos nerviosos subiendo las escaleras. Mi padre y
Cindy habían llegado a casa en tiempo récord. Mi madrastra se tapó la boca con
las manos al ver el panorama. Mi padre, en cambio, se abalanzó sobre nosotros y
me arrancó a India de los brazos.
-
¡Cindy
llama a una ambulancia! ¡Rápido! – dijo.
Comenzó a sacar
cosas de un maletín de médico que había traído con él. Intubaron a India y le
cogieron una vía para pasarle fluidos y evitar que se deshidratara. Mientras
hacían todo eso yo estaba sentado en la misma posición en la que me habían
encontrado, llorando como un niño pequeño. Mi padre se acercó a mí y me miró
con indulgencia.
-
Todo
saldrá bien – me dijo.
La ambulancia llegó
en lo que a mí me pareció fue una eternidad. Los médicos acomodaron a India en
una camilla y le conectaron aún más tubos y cables si cabe.
-
Tengo que
ir con ella papá – le miré suplicante – por favor.
-
Andy…
-
Papá – le
dije desesperado – sabes que debo ir con ella.
Mi padre comprendió
y convenció a los médicos de la ambulancia para que me dejasen acompañarla.
Durante el trayecto, el más largo de mi vida, India seguía sin reaccionar, los médicos
hacían lo que podían, pero había escuchado los rumores de que había perdido
mucha sangre y estaba en coma.
Al llegar al
hospital mis padres ya estaban allí. Bajaron a India del vehículo y se la
llevaron al servicio de Urgencias, donde ya no me fue posible entrar. Esperamos
y esperamos durante interminables horas, el cansancio y el agotamiento tanto
físico como psíquico comenzaban a hacer mella en mí, pero me negaba a cerrar
los ojos hasta que volviese a verla. Tanto mi padre como Cindy se acercaban al
mostrador de información, preguntaban por ella y, por ser quienes eran,
conseguían algo de información privilegiada que otros no pueden obtener. Me
ofrecieron algo de comida, pero yo la rechacé toda, mi estómago estaba
completamente cerrado.
Por fin, un hombre
vestido completamente de verde de pies a cabeza salió por una de las puertas y
nos aviso de que India estaba ya instalada en una habitación. Le habían
transfundido dos bolsas de sangre y parecía que habían conseguido
estabilizarla, pero estaba aún muy débil.
Anduve por delante
de mis padres hasta la habitación de India y entré sin llamar. Una enfermera
ultimaba la colocación de un gotero y al vernos entrar se marcho dejándonos
algo de intimidad con ella. En mi cara se dibujó una sonrisa de felicidad al
ver a mi hermanastra consciente, aunque débil, estaba feliz de ver que por fin
había conseguido despertar. Estaba guapísima. Me acerqué a ella y la tomé de la
mano con delicadeza.
-
¿Cómo te
encuentras cariño? – dije acariciándole el pelo.
-
Algo mejor
– susurró débilmente.
-
Me has
dado un susto de muerte – dije.
-
Lo siento,
siento haberte asustado.
-
Ya está mi
vida, lo importante es que estás bien.
Sabía que mis
padres estaban detrás de mí, pero no me importaba, ya nada me importaba, saber
que India estaba bien era lo más importante para mí, lo demás era tontería.
Pasé dos días y dos
noches a su lado, seguía débil pero mi compañía la hacía revivir un poco más.
Intentaba que no le faltase de nada, que estuviese cómoda y que se sintiese
acompañada. El segundo día Cindy vino a hablar conmigo.
-
Andy –
dijo con un tono cordial – deberías ir a casa cielo. Ducharte, comer algo y
descansar. Luego puedes volver.
-
No me
separaré de su lado – dije rotundo.
-
Andy… -
dijo mi padre – Cindy tiene razón, te llevaré a casa, esta tarde te traeré de
vuelta.
Tras mucho insistir
al final acepté sus insistencias y me marché a casa. Mi padre volvió al
hospital y yo me aseé, hablé con mis amigos, comí algo y a las ocho estaba
listo para volver. Llamé a mi padre durante media hora, sin respuesta, al
final, nervioso, decidí salir y coger un taxi hasta el hospital.
Pasé por una
pequeña tienda en la planta baja y compré un ramo de flores para India, subía
hasta su habitación pero, estaba vacía. Comprobé diecisiete veces que no me
había equivocado y que estaba en el lugar correcto, pero nada.
Volví a llamar a mi
padre, esta vez con más insistencia y desesperación. Pero no me contestó. A los
quince minutos apareció por la planta, andando cabizbajo y con los labios
apretados. Se aceró a mí y colocó su mano en mi hombro. Sus palabras no las
olvidaré jamás.
-
Lo siento
Andy – dijo – India ha muerto.
Y éste, señoras y señores, es el último capítulo de la primera parte del fic. Durante estos días subiré un aviso explicando los diferentes personajes que aparecerán en la segunda parte. Espero que os haya gustado y hayas disfrutado leyendo esta primera parte tanto como yo escribiéndola. Por cierto, Crold, ¡¡¡¡¿¿CÓMO QUE HAS CERRADO EL BLOG!!!??? ¡¡¡¿¿¿POR QUÉ!!!??? ¡Sabes que era muy fan de tu historia! :( ¿Eso significa que ya no habrá más fic? Y en cuanto a Nely Biersack Drew, espero con impaciencia actualización de tu historia, hace ya tiempo que no subes cap.... Xioralyng Rodriguez, muchas gracias por tus comments, me alegra saber que sigues mi historia y que te gusta. A todos los demás que me leéis pero que no os manifestáis espero que os animéis a comentar, siempre viene bien saber que a a gente le gusta lo que escribes. Un beso a tod@s!
lunes, 17 de febrero de 2014
CAPÍTULO 14 (+18)
La pelota rebotaba
una y otra y otra vez sobre la pared a la que la lanzaba. Estaba sentado en el
suelo con los auriculares a todo volumen. Necesitaba evadirme de mi vida
durante un rato. Quería dejar de ser Andy, aunque sólo fuese durante media
hora.
Algo ligero pero
consistente me golpeó la cara y rebotó sobre mi mano. Me sobresalté al
principio y cuando levanté la vista puede ver al imbécil de Ashley apoyado en
el marco de la puerta con esa sonrisa burlona suya siempre que traía noticias
nuevas.
-
¿Se puede
saber qué coño te pasa, Purdy? – pregunté algo mosqueado.
-
Hoy no has
venido a clase – dijo sin variar su posición.
-
No, no
tenía ganas…
-
¿Tu novia
te da muchos quebraderos de cabeza? – preguntó a punto de estallar en
carcajadas.
-
No tengo
novia.
-
¿Y qué
pasa con India?
-
¡Ella y yo
no somos nada! ¡Joder!
-
Cuéntaselo
a quien no te conozca… en fin… ¿te vienes a tocar un rato? Vamos a ir a casa de
Christian.
-
¿Quién
coño es Christian?
-
Un amigo
de Jinxx, dice que toca la batería, si nos apaña ¡ya tenemos el último miembro
que nos faltaba!
Bufé y me levanté
con pesadez. Al final de todo iría, me vendría bien despejarme las ideas.
-
Ese es mi
Andy – dijo Ashley exageradamente eufórico dándome una palmadita en la espalda
– por cierto, ayer quedé con una chica – dijo.
-
¿Otro
rollo de dos días Ashley?
-
No, ella
es diferente – estallé en carcajadas cuando escuché aquello.
-
Para ti
ninguna es diferente – contesté - ¿y quién es la afortunada?
-
Cornelia –
soltó sin vacilar.
Me paré en seco en
mitad del tramo de escaleras que estábamos bajando y le miré fijamente.
-
Ashley
cuidado, te estás metiendo en un terreno peligroso. No hiciste nada con ella,
¿verdad?
-
¡Te he
dicho que es diferente! – contestó dándome un capón.
-
Como
quieras – dije para evitar discutir.
Aquella noche no dormí, pensando en los malditos sobres. Dormitaba
pero me despertaba con la imagen de la madre de Dann tendiéndomelos y soñaba
con lo que pudiese haber escrito dentro. Era la una de la madrugada y seguía
dando vueltas en la cama. ¿Se lo debería decir a Cornelia o no? ¿Debería
abrirlos o debería hablar con Dann primero? Me levanté de la cama y me fui al
baño, necesitaba despejarme un poco y ver si, al fin, podía conciliar el sueño.
Abrí el grifo de la ducha con agua caliente y me metí
debajo. Estaba absorta en mis pensamientos cuando escuche que alguien entraba
en el baño. Pensé que sería mi madre, que se habría despertado por el ruido del
agua, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando al descorrer la cortina me encontré
a Andy.
Mi movimiento instintivo fue cubrirme el cuerpo desnudo
con rapidez, pero me resultaba imposible con una cortina de ducha semitransparente
y sin toalla a mano. Me sonrojé sobremanera, aunque Andy ya me había visto
desnuda más de una vez, después de las discusiones que habíamos tenido me
resultaba algo más violento.
A él pareció hacerle gracia mi intento frustrado de
cubrir mi desnudez y sonrió de manera traviesa. Cerró la puerta del baño con el pestillo y se fue acercando a mí.
-
No deberías estar aquí – acerté a decir.
-
Lo sé – contestó – pero no he podido evitarlo.
-
Andy… lo nuestro fue una tontería…
-
Shhh… - me mandó callar con su rostro casi
pegado al mío – sé que esto es una locura India, pero ya no puedo parar.
Se desnudó delante de mí y entró en la ducha. Con su
brazo derecho rodeó mis caderas y me empujó hacia él con posesión. Mi piel
reaccionó al contacto húmedo con la suya y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
-
Andy, no deberíamos…
Intenté frenar la locura que iba a desatarse pero era ya
casi imposible. Su erección rozaba mi abdomen mientras que su boca devoraba la
mía sin compasión. El sonido de alguien llamando a la puerta hizo que ambos nos
sobresaltásemos y detuviésemos nuestro pecado en seco.
-
¿India? – escuché la voz de mi madre al otro
lado de la puerta mientras intentaba abrirla - ¿estás ahí? ¿te encuentras bien?
Miré a Andy bloqueada sin saber que hacer o qué decir. En
su rostro se dibujó una sonrisa maliciosa y por una décima de segundo leí y
acerté sus pensamientos. Su mano comenzó a descender por mi cuerpo, acariciando
cada centímetro de éste hasta detenerse entre mis piernas. Sus labios se perdieron
en mi cuello, mordiéndolo y besándolo, haciendo que me temblasen las piernas.
Andy comenzó a acariciarme allí donde su mano se había perdido y yo creí estar
a punto de perder el control.
-
Contesta – me ordenó Andy susurrándome al oído.
Tragué saliva intentando sonar lo más convincente
posible. El placer comenzaba a inundarme en oleadas y no me creía capaz de
mantener la compostura.
-
Contesta – volvió a insistir.
-
S-sí, m-mamá – acerté a decir, Andy intentaba
aguantarse la risa mientras sus dedos seguían jugando ahí abajo – me estoy…
duchando.
Andy introdujo en ese momento un dedo dentro de mí y tapó
mi boca para evitar que gritase o gimiese. Mi madre pareció convencía por mi
respuesta porque dijo algo de no hacer ruido y acostarme y después de marchó.
-
Te voy a matar – le dije a Andy.
-
De acuerdo, pero primero déjame que te folle.
Me subió en vilo y apoyó mi espalda contra la pared. En
aquella posición me penetró y comenzó a moverse frenéticamente dentro de mí.
-
No grites – me decía al oído mientras él intentaba
reprimir un gemido.
-
Eres un maldito gilipollas… ¿lo sabes? – dije
entre jadeos.
-
Sí, pero este gilipollas aún puede hacer que te
mueras de placer.
Intenté deshacerme de su amarre tras escuchar sus
palabras pero él me apretó con más fuerza. Me embistió con más violencia si
cabe y a los pocos minutos tuve mi orgasmo. Andy me siguió embistiendo hasta
que salió de mí y se corrió sobre mi cuerpo, aún bajo la ducha.
-
Que sepas que yo siempre voy a ser tu maldito
gilipollas – me dijo, una vez ya vestidos, besando mi boca con violencia.
-
Imbécil – le dije antes de salir del baño y
apagar la luz.
Me fui a mi cuarto y esperé a comprobar que no había
nadie despierto, entonces le hice una señal a Andy y él se fue a su cuarto.
-
Fue
genial, jamás había conectado con una tía tanto como con ella, es simpática,
divertida y tiene ese punto de inocencia ingenua que me pone cach… ¡Andy! ¿Me
estás escuchando?
-
Eh… sí sí Ashley,
dime.
-
¡Joder
macho no has escuchado nada de lo que te he dicho!
-
Mierda
Ashley, tengo la cabeza llena de problemas…
-
¿Pero qué
coño te pasa ahora?
La mañana siguiente
de la tórrida noche que pasé con India en la ducha estaba sentado junto con
Ashley en un banco fuera del instituto. Mi amigo no paraba de contarme todo lo
relacionado con la cita que había tenido con Cornelia el domingo pasado y que
ya había quedado con ella otra vez el fin de semana, pero yo no estaba por la
labor de escucharle.
Lo de ayer estuvo
mal, el problema es que cuando lo hacía me parecía la mejor idea del mundo, y
luego me arrepentía, como un borracho de resaca.
-
¿Es por
India verdad? – dijo Ashley leyéndome el pensamiento - no me digas que te has vuelto a acostar con
ella…
Mantuve la vista
fija en el suelo dándole la razón a Ashley sin decir nada.
-
¡Jodeeer
Biersack! – me reprochó – me dijiste que ya no había nada, ¿no habías quedado
con esa que conociste el día del concierto?
-
No quedé
con ella al final, me arrepentí, aunque sigo hablando con ella y me sigue
insistiendo.
-
Mira, te
voy a dar un consejo como mejor amigo tuyo que soy. Esa del concierto… ¿cómo se
llamaba…?
-
Jillian
-
¡Eso!
Jillian…tíratela.
-
¡Joder
Purdy siempre piensas con la polla!
-
Te lo digo
en serio. Si quieres olvidarte de tu hermanastra de una vez por todas tírate a
Jillian, y el lío ese que tienes en la cabeza desaparecerá.
-
¡Vete a la
mierda!
-
Sí, eso.
Venga, nos vemos luego en el ensayo – dijo levantándose del banco al ver salir
a Cornelia del instituto - ¡Piensa en lo que te he dicho!
No me atrevía a contarle a Cornelia lo de las cartas,
aunque era mi mejor amiga y sabía que se enfadaría conmigo si le escondía el
secreto, pero aún no estaba preparada para ello, necesitaba unos días más para
pensar y, sobretodo, para leer las cartas yo primero.
Mis padres no estaban en casa, como de costumbre, y Andy
estaba con sus amigos, así que disfrutaba de un rato de intimidad antes de que
todos llegasen. Subí a mi habitación y cogí una de las cartas ¿cuál habría
escrito primero? ¡India, deja de hacerte preguntas! Dejé de comerme la cabeza
durante un instante y leí la primera que cogí.
“Sé que nunca leerás esto. Básicamente porque nunca te lo voy a dar. Esta carta es solo para mí, para que cada vez que la lea me recuerde a mi mismo lo perdedor que soy por no decirte lo que tanto tiempo llevo queriéndote decir, pero no encuentro el momento adecuado, primero porque Cornelia siempre está delante y segundo porque cuando no está soy demasiado cobarde como para hablar contigo. Pienso que no estoy a la altura, que no soy lo suficientemente bueno para ti, que mereces algo mejor. Pero luego, ¿quién podría ser mejor para ti que tu mejor amigo que tanto te conoce? Tú no te das cuenta, creo que ni siquiera te lo imaginas, pero ahí estoy yo, dándote señales que pareces no ver, a veces estás demasiado ocupado mirando lo que tienes alrededor que no te fijas en lo que tienes justo al lado. Sé que algún día me armaré de valor para ello, pero todavía siento que estoy muy lejos, que debo cambiar para que te fijes en mí, quizás dentro de un tiempo, no sé…”
Me senté instintivamente sobre el borde de la cama. Me
quedé unos momentos como en trance, asimilando todo lo que había leído. Estaba
tan en shock que tardé un segundo más de lo habitual en darme cuenta que Andy
había irrumpido en mi habitación sin llamar, como un huracán. El reflejo
primero que tuve fue esconder la carta detrás de mí, pero fui demasiado lenta,
él pudo ver que escondía algo.
-
¿Qué tienes ahí? – preguntó.
-
Nada.
-
¿Cómo que nada? ¡Enséñamelo!
-
¡Andy que he dicho que no es nada!
No me dio tiempo ni a levantarme ni a poder esconderlo
más porque Andy se abalanzó sobre mí y me arranco la carta de las manos. Con
una de sus manos evitó que yo me acercase a él mientras él la leía. Mi cuerpo
se llenó de rabia. Había invadido mi intimidad de forma totalmente injusta y
por la fuerza.
-
¡Gilipollas! ¡Devuélvemela!
-
Lo sabía – dijo tirándome la carta que cogí al
vuelo – Sabía que ese cabrón sentía algo por ti ¡Se le veía a la legua!
-
¡Eres gilipollas! ¿Por qué coño has tenido que
leerla? – de mis ojos comenzaban a resbalar lágrimas fruto de la rabia que
sentía.
-
¡Ese maldito imbécil ha intentado suicidarse
porque tú no le hacías caso! ¿Pero no te das cuenta? ¡Es un puñetero niñato de
mierda!
-
¡Basta ya Andy! – le dije dándole un empujón que
le hizo tambalear y lo estampó contra la puerta
- ¡no tenías derecho a leerla ni mucho menos a opinar ni a decirme lo
que tengo que hacer con mi vida! ¡Sal de aquí! ¡No quiero verte más!
Andy salió de la habitación dando un portazo detrás de él
y yo me senté en la cama llorando angustiada. Saqué el inhalador para prevenir
un desagradable ataque por ansiedad y me cubrí con la manta. Esa noche no iba a
bajar a cenar, no tenía ganas de ver a nadie, solo de pensar.
-
Purdy,
tengo que hablar contigo.
-
Hablamos
esta tarde en casa de Jinxx.
-
No tío,
quiero hablar contigo asolas.
-
Joder,
¿qué pasa?
-
Es peor de
lo que pensaba.
-
¿El qué?
-
¡Lo de
India joder! ¡Hay que explicártelo todo!
Tras leer la carta
que le había arrebatado a mi hermanastra de las manos me sentía miserable por
mi actitud hacía ella en aquel momento, pero los celos me carcomían por dentro.
Pensar que alguien podía desearla y que ese alguien estaba tan cerca de ella me
hacia hervir la sangre por debajo de la piel. Definitivamente esto se había ido
de las manos por completo, ya no había vuelta atrás.
-
Y bien,
¿qué es eso tan importante que tenías que decirme? – preguntó Purdy.
-
Creo que
me he enamorado.
-
Te has
tirado a Jillian, ¿eh? ¡JA! Lo sabía, te dije que te olvidarías de tu
hermanastra de inmediato.
-
¡No
Ashley! No me he tirado a Jillian, te estoy hablando de India.
-
¡Venga ya!
¡No me vaciles!
-
Te estoy
diciendo la verdad.
Se hizo el silencio
entre nosotros durante unos instantes mientras ambos reflexionábamos.
-
Esta tarde
le he arrancado de las manos una carta que le dio la madre de Dann… en ella
decía que para él significaba algo más, y en ese momento, te lo juro, si le
hubiese tenido delante, le hubiese arrancado la cabeza y le hubiese mandando
una semana más al hospital.
-
Tío… creo
que tienes un problema… ¡qué es tu hermanastra! Si tus padres se llegan a
enterar… Jamás lo aceptarán.
-
Creo que
mi padre ya lo sabe, o bueno, algo saben seguro…
-
Pues lo
más sensato sería dejarlo.
-
Lo sé,
pero no puedo…
El silencio volvió
a aparecer entre nosotros y esta vez ninguno dijo nada, a veces, cuando no se
sabía que decir era mejor no decir nada.
Me aseguré de que
estaba completamente sola en casa. Cerré y falqué la puerta de mi cuarto para
evitar que el imbécil de Andy volviese a colarse y arrebatarme de las manos la
otra carta que iba a leer. Necesitaba algún tiempo para digerir la primera que
había leído pero no podía esperar para leer la siguiente, era una angustia
permanente imaginando lo que podía contener.
La sostuve con manos temblorosas, era la última carta que
me quedaba por abrir. Suspiré y rasgué la solapa.
“Ayer dijiste que te habías liado con tu hermanastro. ¡Joder! El mundo estaba lleno de tíos y tú te has liado con la última persona que me iba a imaginar. Sé que ahora he perdido todas las oportunidades que tenía contigo, si es que alguna vez las tuve, me es completamente imposible competir contra Andy. No tengo mucho más que decir, sólo que esta noticia me ha sentado como una jarra de agua fría. He perdido todas las motivaciones que me animaban a levantarme cada día, vivía con la esperanza de poder conquistarte ahora solo hablas de Andy y de lo maravilloso que es… me revuelve el estómago. Siento no poder desearte lo mejor, pero creo que lo mejor para ti sería yo. De todas formas, esto nunca lo vas leer, así que es como escribir cartas al aire, una manera de desahogarme o de manifestar mis frustraciones. Ojala te des cuenta, algún día, de lo que tienes delante.”
-
Cornelia – llamé a mi amiga por teléfono –
tenemos que hablar.
Esta semana me he sentido un tanto inspirada con la historia y aquí está el resultado. Espero que os guste. Aviso que ya estoy trabajando en el siguiente capitulo, tengo ganas de ponerme ya con la segunda parte de la historia. Crold, espero que el parón de tu historia sea algo corto, espero con mucha impaciencia que vuelvas a las andadas, mucho ánimo! Nely Biersack Drew, para cuando el siguiente?? Estoy impaciente por saber que va a pasar!!! NECESITO SABERLO! A todos los demás lectores muchas gracias por leerme, las visitas suben día a día y eso es señal de que estáis ahí. Gracias :)
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domingo, 9 de febrero de 2014
CAPÍTULO 13
Al final había conseguido convencer a Cornelia para que
me dejase esperar en la esquina de casa de Farrah mientras ella iba a hablar
con ella. Desde mi posición veía como mi amiga llamaba a la puerta de la casa
del terror y a los pocos minutos la madre de mi enemiga le abría la puerta. Al
parecer no estaba en casa, porque a los pocos segundos Cornelia volvió sobre
sus pasos hasta donde yo estaba.
-
Dice que está con Sam – dijo Cornelia – y ahí sí
que no pienso ir…
Las dos nos quedamos pensativas unos segundos barajando
nuestras posibilidades. Empezaba a hacer frío y a oscurecer y yo comenzaba a
arrepentirme de haber salido aquella tarde y que no hubiese sido fructífera. Un
coche, a lo lejos de la calle, avanzaba a toda velocidad y se paró justo
delante de nosotras. Era Andy.
-
Sube al coche – dijo delante de mí con una
expresión poco amigable.
-
Piérdete Andy – le dije mientras que cogía a
Cornelia del brazo y echábamos a andar.
-
He dicho que subas – repitió avanzando con el
coche hasta nuestra altura con tono amenazador.
Cornelia me miró con cara de resignación y la odié por
momentos. No tenía ganas de irme con Andy, ni de hablar con él, no siquiera de
tener que escuchar las explicaciones que me tenía que dar. Sólo quería estar
sola, o con cualquiera menos con él.
Mi amiga me arrastró, literalmente, hasta la puerta
trasera del coche y la abrió para que entrase.
-
Si quieres puedo acercarte a casa, Conrelia –
dijo Andy. Mostrándose falsamente encantador.
Durante el trayecto nos mantuvimos las dos en silencio.
La mirada de Cornelia estaba perdida, supongo que pensaba en el paradero de
Dann, que seguía desaparecido, dentro de unas horas ya sería oficial su desaparición
ante la policía y supongo que se pondrían manos a la obra. Esperaba que no
hubiese hecho ninguna locura.
Dejamos a Cornelia en casa y emprendimos en camino de
vuelta en silencio. Andy apretaba el volante del coche con fuerza y tenía la
mirada fija al frente con la mandíbula apretada.
-
Estoy harto de tus tonterías India – dijo al
llegar al garaje dando un sonoro portazo a la puerta delantera – que sea la
última vez que te largas así de casa.
Volví sobre mis pasos para ponerme enfrente de él y plantarle
cara.
-
No soy de tu propiedad, ¿me oyes? Tú y yo ya no
somos nada, ni siquiera quiero ser ya tu hermanastra. ¡Haré lo que me dará la
gana! Olvídame.
Le di la espalda para salir del garaje pero un tiró
fuerte en mi brazo izquierzo hizo que me diese la vuelta inconscientemente y
mis labios chocaron, irremediablemente sobre los de Andy.
-
Eres una jodida cabezota ¿sabes? – dijo.
-
Andy para – le rogé casi en un suspiro.
-
No quiero.
Me empujó sobre el coche y comenzó a besarme con
violencia. Estábamos comenzando a perder los estribos. Ya no me apetecía
discutir con él, sólo quería que no parase y que siguiese. Su mano derecha
comenzó a perderse por debajo de la goma de mis pantalones y en ese momento la
luz del garaje se encendió.
Nos separamos el uno del otro como si nuestros cuerpos
quemasen y James apareció apoyado en el marco de la puerta.
-
Eh… papá – dijo Andy aún aturdido – esto…
-
¿Qué hacíais aquí? – preguntó con una ceja
encarnada.
-
Eh… Ha sido culpa mía – me adelanté a decir –
había salido esta tarde con Cornelia y Andy había venido a buscarme. Siento
haber ido pero estábamos buscando a Dann.
-
Esto… - dijo James bajando la mirada – creo que
los dos deberíais subir. India, ve a la cocina y Andy, espera en el salón.
James desapareció después de pronunciar estas palabras y
yo casi asesiné a Andy con la mirada.
-
Por tu culpa nos han pillado – le dije con los
dientes apretados zarandeándoles por los brazos – esto es culpa tuya
¡GILIPOLLAS!
-
¡Vale ya India! – me dijo cogiéndome del brazo y
acercando su rostro al mío – te recuerdo que he sido yo el que quería acabar
con esto, pero tú no me has dejado.
Solté mi brazo de su agarre con brusquedad y le di la
espalda para subir por las escaleras y prepararme para la que me esperaba, o
eso creía yo.
India subió por
delante de mí y se encerró en la cocina con Cindy. James, por su parte, se quedó apoyado en el
marco de la entrada a la cocina escuchando lo que Cindy le tenía que decir. A
los pocos minutos mi hermanastra salió llorando y visiblemente afectada, pasó
por mi lado y ni siquiera me miró y subió las escaleras para encerrarse en su
habitación.
Miré a mi padre
inquisitivo y él se acercó a mí con pesadez, arrastrando los pies. Cuando llegó
a mi altura colocó su mano sobre mi hombre y me miró con resignación.
-
Sé
especialmente amable con tu hermana estos días – dijo- van a ser un tanto
difíciles para ella.
-
¿Pero qué
ha pasado? – pregunté expectante.
-
Su amigo
Dann por fin ha aparecido – dijo – pero… no en muy buenas condiciones. La
policía le ha acompañado a casa esta tarde, tenía signos de haberse caído por
algún sitio, cerca del bosque, porque estaba magullado y tenía barro por todos
los sitios. Creen que se ha debido a que estaba bajo los efectos de las drogas.
Cindy ha hablado con la madre pero de momento no se sabe nada. Una ambulancia
lo ha trasladado al hospital y pasará allí la noche mientras le hacen pruebas.
Aunque el niñato
ese no me gustaba un pelo había de admitir que no esperaba que fuese capaz de
llegar a ese extremo. El día del concierto le vi revoloteando con la enemiga de
India y el cornudo de su novio. Seguro que ellos dos habían tenido algo que ver
en todo esto. De todos modos, sería mejor no molestar a India hoy.
No me lo podía creer. Me acababan de dar una de las
peores noticias de mi vida y mi única reacción había sido encerrarme en el
cuarto. No sabía qué hacer, cómo actuar ante una situación así. Jamás me
hubiese podido esperar eso de mi mejor amigo, será verdad eso que dicen que
nunca llegas a conocer del todo a una persona, por mucho que creas conocerla, y
en este caso esa norma se había cumplido.
No dejaba de llamar a Cornelia por el móvil y no me lo
cogía. Estaba segura de que, tras dejarla en casa, se había ido con ese imbécil
de Purdy, de no ser así ya me había llamado. Era la octava vez que la llamaba y
no obtenía respuesta. Me desplomé sobre la cama. Agotada y con la cabeza
dándome vueltas sin parar a mil y una cosas. No sé si fue por el cansancio o
por el estrés de la situación pero me quedé dormida en cuestión de minutos.
Me desperté aturdida por un ruidito molesto que se
escuchaba de fondo. Tarde unos minutos a acostumbrarme a dónde estaba. Me
levanté con pesadez y, de entra la oscuridad de la habitación, vislumbre una
lucecita parpadeante que acompañaba el molesto ruido. Cogí el teléfono sin ni
siquiera mirar quien llamaba y respondí.
-
¡India tía! ¿Qué pasa? – escuché la voz de
Cornelia al otro lado del auricular.
-
Joder Cornelia… - le respondí pesadamente
recordando todo lo sucedido horas antes – no me digas que no te has enterado de
nada…
-
¿Enterarme de qué?
-
¿Estabas con Purdy, verdad?
-
¡India! ¿Enterarme de qué? – volvió a preguntar
con un tono de nerviosismo en su voz.
-
Dann ha aparecido… - le respondí – cuando llegué
a casa mis padres estaban esperándome para contármelo. Lo ha traído la policía
y ahora está en el hospital… Sospechan que iba drogado.
Se hizo el silencio al otro lado del auricular donde se
encontraba a Cornelia. Las dos no saíamos que decir. El nudo en la garganta que
había tenido durante la tarde había vuelto a su lugar.
-
Joder… - la escuché bufar - ¿PERO EN QUÉ COÑO
ESTABA PENSANDO?
-
Creo que necesita ayuda Cornelia, mañana
deberíamos ir a verle.
-
Sí, sí, desde luego. Pero espero que tenga una
buena explicación para esta gilipollez.
Los hospitales me ponían la piel de gallina. No entendía
cómo mis padres veían en mi una futura enfermera, médico o cirujana. Estaban de
coña si creían que iba a pasarme el resto de mi vida deambulando por tétricos
pasillos plagados de gente enferma o moribunda. Solo de pensarlo se me revolvía
el estómago.
Cornelia y yo fuimos hasta la recepción y preguntamos por
la habitación de Dann Anderson, la chica de detrás del mostrador nos indicó que
se encontraba ingresado en la planta de medicina interna y para allá que nos
fuimos. Al llegar, los padres de Dann estaban allí con él, nada más vernos
aparecer salieron para dejarnos un poco de intimidad con él.
Cuando ví a mi amigo postrado en aquella cama de hospital
se me encogió el estómago. Cornelia y yo nos quedamos mirándonos y con la mirada
nos lo dijimos todo. Estaba demacrado, como si hiciese años que no dormía,
debajo de sus ojos tenía unas ojeras oscuras que le oscurecían la mirada,
parecía cansado y agotado.
-
Dann… ¿cómo te encuentras? – mi amiga fue la
primera en dirijirse a él
-
Nos has tenido muy preocupadas… - acerté a
decir.
Pero él seguía sin mirarnos, con la mirada perdida a algo
invisible que sucedía al otro lado de la ventana de la habitación. Estuvimos
intentando hablar con él durante un largo rato, pero nada, Dann no nos
contestaba y parecía que incluso nos ignoraba. A la media hora de estar
sentadas en aquella habitación decidimos volver a casa, sería mejor hablar con
él otro día.
A la salida del cuarto nos volvimos a cruzar con los
padres de Dann, pero esta vez, mientras el padre de Dann hablaba con Cornelia
de lo que me pareció ser una totneria, su madre se acercó a mí con aire
confidencial.
-
India, he estado rebuscando entre las cosas de
Dann, sé que no debería pero… esto nos ha superado a todos… y necesitaba saber
por qué mi hijo haría algo así.
Dayla me tendió dos sobres cerrados en los que estaba
escrito mi nombre. Los cogí y los miré extrañada. No entendía lo que quería
decirme.
-
He encontrado esto la su habitación, creí que
deberías ser tú quien los leyese ya que tienen escrito tu nombre, espero que
esto ayude a esclarecer un poco toda esta locura.
Me guardé los sobres en el bolso y Dayla se acercó distraída
a su marido. Nos despedimos de ellos y abandonamos, por fin, el hospital.
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