miércoles, 6 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 3

Era la una de la madrugada cuando salí de casa de mi amigo Dann. Rezaba y esperaba por todo lo sagrado que mis padres no hubiesen llegado a casa aún, con la que estaba cayendo y las horas que eran no les haría ni la más mínima gracia que su hija de dieciséis años anduviese sola por aquellas calles.
Estaba congelada y en una ventisca de viento el paraguas que llevaba se me rompió, saltándole todas las varillas y quedando completamente inservible. Todavía me quedaba un buen trecho hasta llegar a casa y la chopada que llevaba no iba a ayudarme con mi problemilla.

Desde los tres años que sufría un asma crónico bronquial que se manifestaba cada invierno nada más cogiese un poco de frío. Una vez, estuve ingresada una semana en el hospital con respiradores porque era imposible que mi cuerpo cogiese aire por sí sólo. Desde entonces, mis padres habían sido siempre muy sobreprotectores conmigo e impedían que anduviese o fuese sola a ciertos lugares si llovía o hacía frío.
A medida que andaba iba notando como comenzaban a dolerme los pulmones y empecé a toser sin control, eso no era nada bueno, esperaba, al menos, poder llegar a casa, antes de desplomarme si es que me faltaba el aire. Intenté sacar el teléfono y llamar a Andy pero llovía demasiado, lo mejor sería darse prisa y llegar a casa cuanto antes.

Estaba sentado en el salón viendo la tele, los chicos hacía un rato que se habían marchado y me había quedado sólo, India aún no había llegado y si no venía en los próximos minutos me iba a ir a la cama. Estaba medio adormilado en el sofá cuando escuché la puerta y un fuerte golpe. ¡Maldita India! Siempre se golpeaba con el mueble del aparador… Estúpida. 

- ¿Estás bien? – pregunté al no escuchar ningún ruido más - ¡INDIA! – la llamé, pero nada.

Escuché una fuerte y desagradable tos en la entrada y los pelos se me pusieron de punta. No, ahora no… Corrí a la puerta y la vi de rodillas, empapada y tirada en el suelo. El golpe debía de ser de cuando se cayó.

Me sentía débil, necesitaba las costillas para coger aire, estaba comenzando a ahogarme y pronto perdería el conocimiento. Una figura alta y delgada que pude reconocer como Andy, se acercó a toda prisa hasta mí, cerró la puerta e intentó levantarme. Mi cuerpo pesaba como diez toneladas y me era imposible moverme, Andy se deshizo de mi abrigo y de parte de la ropa mojada.

- ¡EH! ¡Mírame! ¡Espabila! ¡No te duermas! – escuchaba que me decía mientras me golpeaba la cara – Maldita seas, ¿no podías llegar a casa como las personas normales? No, ¡tú siempre a lo grande!
- Ca-ca-llate í-ím-bec-il – le dije con menos fuerza de la que quería.

Andy intentó levantarme de nuevo pero yo no colaboraba, se me cerraban los ojos y perdía las fuerzas. Noté como me cogía de debajo de las piernas y de la espalda y me levantaba del suelo como una pluma, mis ojos se cerraban y él no paraba de decir gilipolleces para que los abriese.

- ¡O abres los ojos o te tiro al suelo! – casi gritaba - ¡INDIA! ¡OSTIA PUTA!
Me dejó sobre la cama y sacó el inhalador del cajón de mi cuarto. Me lo puso en la boca y aspiré el vapor como pude.
- ¿Quieres soplar como una mujer? – me decía – Voy a volver a ponértelo, mírame – el cansancio y el agotamiento hacía que no me concentrase en lo que hacía – ¡India, mírame! – dijo cogiéndome la cara – te lo voy a poner en la boca, y quiero que aspires ¿vale? – asentí.

Repitió el proceso unas dos o tres veces más pero, aunque noté algo de alivio en mis pulmones, me seguía costando respirar.

Andy se subió  la cama y se colocó detrás de mí. Hizo lo mismo que hacía mi madre cuando yo era pequeña para ayudarme a respirar. Colocó mi espalda en su pecho y mi cabeza en su hombro. Me pareció extraña esa actitud tan paternal de mi hermanastro, pero en ese momento me encontraba muy mal.

- Indi – dijo – quiero que sigas mi ritmo, ¿vale? Vamos a acompasarnos, cogemos aire – llenó sus pulmones y yo intenté hacer lo mismo con los míos – y lo soltamos – lo soltó despacito y yo le intenté seguir.
Estuvimos en esa posición unos cuantos minutos, no recuerdo exactamente cuántos, pero consiguió que mis respiraciones se acompasaran y que yo respirase normal, por fin.
- ¿Te encuentras mejor? – me susurró con voz suave
- Sí – dije – gracias.
- No tienes que dármelas, soy tu hermanastro – me contestó.

Apoyó su mejilla en mi cabeza y yo me giré para abrazarle. Quería con locura a ese imbécil, aunque a veces se metía demasiado conmigo.

- No le digas nada de esto a mamá y a James – le pedí – se enfadarían conmigo – le miré con cara lastimera.
- De acuerdo – cedió – pero que sea que última vez que haces otra locura así, ¿me oyes? – yo asentí con la cabeza.
Escuchamos la puerta abrirse desde abajo y la voz de nuestros padres en el rellano.
- Vete a tu cuarto – le pedí a Andy -  o sospecharan de que ha pasado algo – Andy me dio un beso en la frente y se marchó a su cuarto.

Nuestros padres subieron y tras comprobar que estábamos bien se fueron a su habitación. Yo estaba a punto de coger el sueño cuando el móvil vibró en el cabezal de la cama.

Andy: Me has dado un buen susto hermanita.
India: Lo siento, intentaré que eso no vuelva a pasar.

A: Procura que no, si no al que tendrán que ingresar por infarto será a mí.

Esa ocurrencia me hizo sonreír.

I: No lo permitiría, sabes que te quiero mucho, hermanito.
A: Yo también te quiero hermanita.                                                                                                                  
A la mañana siguiente bajamos a la cocina a desayunar con nuestros padres, aunque era sábado, ellos trabajaban y nosotros teníamos que hacer nuestros deberes y estudiar. En casa eran muy estrictos con respecto a los estudios, no aceptaban ninguna nota que bajase del 8 y tanto Andy como yo teníamos que ser los mejores de la clase.

El régimen de nuestros padres desde muy pequeños había ayudado a que a estas alturas los dos fuésemos bastante buenos con los estudios, pero ninguno de los dos tenía planeado estudiar una carrera o convertirse en lo que eran James y Cindy, yo quería ser actriz. Me encantaba actuar y me chiflaban el cine y las películas. De pequeña me imaginaba que ganaba un Óscar y que subía toda emocionada a recogerlo, Andy se burlaba de mí, pero después de tantos años seguía teniendo la misma ilusión que entonces, también me gustaba mucho cantar, y creo que lo hacía bastante bien, aunque jamás lo había hecho delante de nadie por vergüenza. Por supuesto que jamás había comentado con mis padres el hecho de estudiar arte dramático, al menos no de momento, estaban muy ilusionados con que Andy y yo fuésemos a la universidad y cuando sacaban el tema tanto él como yo no podíamos evitar mirarnos de reojo e intercambiar pensamientos silenciosos.

En cuanto a Andy…. Bueno… Sus ideas eran más fantásticas que las mías, soñaba con convertirse un autentico cantante de heavy metal con la banda esa de amigos anoréxicos que tenía, yo intentaba no decepcionarlo ni romperle los sueños, pero no le veía mucho futuro a ese plan.

Nuestros padres se despidieron de nosotros y nos dejaron asolas en casa. Cuando acabamos de desayunar Andy y yo bajamos los libros y nos pusimos a estudiar juntos en el salón. Al principio siempre solíamos concentrarnos en las tareas, pero a medida que avanzaba la mañana siempre acabábamos peleándonos o tirándonos bolas de papel de una esquina de la mesa a otra, y ese día no iba  ser menos.

Ya por la tarde cada uno seguía su propia marcha. Yo quedaba con mis amigos y Andy con los suyos. Casi siempre acabábamos discutiendo con nuestros padres porque yo debía volver a casa a la 1 de la madrugada mientras que Andy podía volver cuando le pareciese “Él ya tiene dieciocho años” me decían, pero antes de cumplirlos también volvía cuando le parecía.

Después de la ya diaria discusión por Andy para usar el baño me arreglé y me fui a ver a mis amigos. Los sábados por la noche solíamos ir al centro de la ciudad, paseábamos por el centro comercial y nos íbamos a alguna discoteca o pub de la zona.

Normalmente, a mi no me gustaban mucho los sitios donde se concentraba demasiada gente o ponían la música demasiado alta. Prefería los lugares algo tranquilos donde disfrutar y charlar un rato con la gente. Pero a Dann le encantaban esos sitios y solíamos ir de vez en cuando para complacerle a él.
Entramos al local y la música estaba altísima, un tema de Rihanna sonaba en aquel momento. Seguí a Cornelia y a Dann hasta la barra y nos pedimos unas cervezas, no llevábamos ni quince minutos allí dentro cuando vimos aparecer a mi hermanastro con unos amigos.

- ¿No es ese Andy? – me gritó Cornelia al oído.
- ¿Pero qué coño hace aquí? – pregunté furiosa.

No me gustaba nada salir de fiesta por los mismos lugares que Andy, de vez en cuando se comportaba como un niño conmigo y siempre acabábamos discutiendo. Me acerqué a ellos y llamé su atención.

- ¿Se puede saber que haces aquí? Creía que a ti te iban más los lugares con música metalera y tíos con más melena que una chica – Andy me miró sorprendido.
- La pregunta es, ¿cómo coño te han dejado entrar a ti aquí? En la puerta pone que está prohibida la entrada a menores de 18, ¿no me jodas que no te han pedido el carnet? – preguntó molesto.
- Pues ya ves que no, ni a mí ni a mis dos amigos, aquí una sabe aparentar más edad de la que tiene – contesté retadora.
- Mira India, tengamos la fiesta en paz, no me meteré ni contigo ni con tus amiguitos, pero por favor controla – rogó.
- Yo siempre.

Volví con Cornelia y con Dann, eran las doce de la noche, faltaba una hora para que tuviese que volver a casa y ya iba por mi tercera cerveza, he de decir que sólo con 2 ya iba bastante puesta. Veía como desde el otro lado de la sala Andy no me quitaba el ojo de encima, supongo que controlando que todo estuviese correcto, que pesado era…

Estaba bailando con Cornelia cuando un chico un poco más mayor que yo se acercó a mí.

- ¿Te puedo invitar a una copa? – preguntó.
- Lo siento chaval – dije – no hablo con desconocidos.
- Podría dejar de ser un desconocido… - dijo intentando parecer seductor.
- No me interesa – le corté.
- Venga – el tío se pegó más a mí y paso su mano por mi cintura – deja que te invite a algo.
- ¡He dicho que no! – le grité intentando apartarme de él, pero cada vez me cogía con más fuerza - ¡Qué me sueltes imbécil!



Hola hola querida seguidora y lectores no manifiestos. Aquí el tercer capítulo del fic! Confieso que, aunque siempre que cuelgo capítulo lo hago teniendo ya unos cuantos adelantados me he enganchado con el más importante... pero prometo arreglarlo pronto y seguir subiendo semanalmente. Querida Crold, en este fic he querido dar a Andy una personalidad más "buenaza" por así decirlo, quiero que aparente ser un chico duro por fuera pero más "blandengue" por dentro cuando lo tocan la fibra sensible, de todas formas, espero que poco a poco descubras el Andy canalla de la historia y gracias por tus comentarios, creo que, verdaderamente, subo capítulo sólo por ti. Un beso a todos lo que no se manifiestan y espero que llegueis a animaros a comentarme :)


2 comentarios:

  1. ME MUEEEEEEEEERO *-*
    Creo que con este capi ya le he cogido más el truco a Andy. En cuanto a lo de subir capítulos, voy a darte la lata semana a semana para que subas pero debes tener en cuenta que los demás pueden animarte pero la que sube la historia eres tú. De hecho, la mía, la subo por mí, porque ya es hora de terminar una jajaja

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  2. Me encanta :)) hay Muchas lectoras fantasmas, No te preocupes, Tambien dale mas publicidad 8)) Amo a India!

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