Me prometí a mi mismo que dejaría de mirarla, pero mis ojos me traicionaron, y ahora doy gracias de que así lo hicieran. De un salto me levanté de mi asiento y sin siquiera mirar ni decir nada a mis amigos salí disparado hacia donde ella se encontraba.
- ¿Qué coño haces? – le dije al tío que la cogía de la cintura – suéltala ahora mismo si no quieres perder los dientes….
- Shhhh – respondió el otro – tranquilo amigo, podemos compartirla
Con la rabia que sentía en aquel momento no pude reprimirme y le di un puñetazo en toda la cara. La gente alrededor se giró para mirarnos pero a mí no me importaba.
- ¿Pero quién coño te has creído que eres? – le grite - ¡A mi hermana no le toca un pelo ni Dios! Venga, sal fuera si tienes cojones.
El chico se me quedó mirando con furia y temor a partes iguales y al final optó por irse profiriendo una serie de amenazas contra mí, pero yo no le escuchaba, cogí a mi hermanastra del antebrazo y la arrastré fuera.
En la salida se reunieron con nosotros su amiga Cornelia y el imbécil de Dann.
- ¿Se puede saber qué coño pasa contigo? – grito India - ¿por qué siempre tienes que meterte en mis cosas ¡eh!? ¡IMBÉCIL!
- ¡Cállate! – le grite – y tú – dije dándome la vuelta hacia Dann – tú tienes la culpa de esto, ¿Qué se supone que le hubiese pasado a mi hermana con ese tío si yo no hubiese estado aquí?
- Y-yo… l-lo siento, n-no… - Dan intentaba buscar las palabras adecuadas pero el shock le impedía casi hablar.
- ¡Nos vamos a casa! – dije tirando del brazo de mi hermana – Cornelia, a ti si quieres podemos acercarte, ¡pero a ti no! – le grité a Dann - ¡GILIPOLLAS!
Durante el trayecto a casa nadie hablaba, Cornelia estaba sentada en la parte de atrás callada como una tumba y India estaba a mi lado, pero sabía que en el momento en que su amiga saliese comenzaría una batalla campal entre nosotros.
Dejé a Cornelia en su casa y le di a India algo de intimidad para que se despidiese de ella. Me metí de nuevo en el coche y nos pusimos rumbo a casa.
- ¿Por qué coño tienes que ser siempre tan imbécil? ¡eh! ¡POR QUÉ! – ya empezaba.
- ¿Pero tú eres tonta? No me vengas ahora diciendo que no sabes a lo que iba aquel degenerado – le reproché.
- ¡Aún así no es asunto tuyo! ¡No es de tu incumbencia! ¡Me sé defender muy bien solita! Y espero que te disculpes con Dann por esto – reí ante su última afirmación – no te lo estoy diciendo de broma ¡GILIPOLLAS!
- India, deja de insultarme – la amenacé.
- ¡NO ME DA LA GANA! ¡GILIPOLLAS! ¡IMBÉCIL!
Pare el coche en seco para poder volverme hacia ella. La cerveza le había dado una rojez en las mejillas que resaltaba en su pálida piel y la rabia de sus ojos hacia que brillasen como dos joyas. Intenté controlar mis impulsos masculinos y me centré en la discusión.
- ¡DEJA DE INSULTARME! – chillé - ¡Eres mi hermana, joder!
- ¡No soy tu hermana! Soy tu hermanastra – corrigió.
- ¡Lo que sea! Pero no voy a permitir que niñatos de mierda como el de hoy te manoseé como lo ha hecho ese imbécil.
- Con quien me manosee o me deje de manosear no es asunto tuyo, ¡no soy de tu propiedad!
- India… - dije en un tono más conciliador – no quiero discutir, no estás en condiciones – volví a poner el coche en marcha y llegamos hasta casa.
Cuando bajamos del coche mi querida hermanastra vino hasta mí y comenzó a golpearme con el puño cerrado, gracias a Dios sus manos eran la mitad que las mías y sólo notaba cosquillas.
- ¡Deja de pegarme ya! – le dije sujetándola de los codos y zarandeándola.
- ¿Por qué eres así conmigo? – me reprochó - ¿POR QUÉ?
Escuche un sollozo a mis espaldas y supe que se había puesto a llorar. Si algo conseguía que me quedase completamente desarmado era que se pusiese a llorar, lo odiaba, me hacía sentir culpable.
- India… - le dije siguiéndola, pero ella subió por las escaleras y se encerró en su habitación.
Llegué hasta su puerta e hice el amago de llamar, pero retire mi puño antes de que este golpease la puerta. Podía escucharla llorar y apreté los labios de rabia. Puede que ella estuviese enfadada, pero yo estaba convencido de que había hecho lo correcto.
Me levanté con un tremendo dolor de nudillos. Tenía dos dedos una mano algo amoratados y me dolía al moverlos, esperé que no estuviesen rotos. Llevé mi mano a la boca al recordar lo sucedido la noche anterior, esos moretones no podían ser de otra cosa más de cuando golpeé a Andy al llegar a casa ¿cómo había desarrollado esos músculos en tan poco tiempo? ¡Pero si de pequeño era un blandengue!
Bajé las escaleras para reunirme en la cocina con mi familia para desayunar. Andy ya estaba sentado en la mesa con sus tostadas preparadas, James leía el periódico y mi madre terminaba de preparar el desayuno. Los domingos eran el día libre de mis padres y solíamos hacer algo juntos en familia.
- Buenos días cariño – dijo mi madre - ¿Qué te apetece comer? – preguntó.
- Me da igual mamá – dije con desgana – no tengo mucha hambre.
- ¿¡Qué es lo que tienes en la mano!? – dijo James levantando la voz.
La mirada de los tres se dirigió a los moretones de la mano mientras James la levantaba.
- ¿Cómo te has hecho eso? – preguntó mi madre observando el cuadro.
Andy y yo intercambiamos una mirada de segundos pero que fácilmente podría transcribirse como “Si te vas de la boca te mato” “No voy a decir nada enana de mierda, eso te pasa por pegarme”.
James tocó la zona amoratada y yo chillé de dolor.
- No creo que estén rotos si los puedes mover, pero te voy a hacer un vendaje para asegurarnos de que los mueves lo menos posible.
- ¿Se puede saber qué pasa por la cabeza de mi hija para llegar estos extremos? – preguntó mi madre de nuevo.
- Nada mamá… - mi cabeza pensaba una excusa a dos mil por hora – ayer… eh… salimos y… me caí, en la acera, y me apoyé con las manos… creo que el golpe me lo di en los dedos… - salvada.
James terminó de desayunar y fue a por sus cosas de médico para vendarme los dedos, me colocó una férula para mantenerlos rectos y los envolvió con una venda. Mi madre y Andy estaban arreglándose en su habitación, ese día iríamos a comer a un restaurante.
Me arreglé todo lo rápido que puede y bajé al salón para reunirme con mi familia, cuando Andy me vio la venda de la mano soltó una sonora carcajada.
- Ay hermanita… - dijo – eso te pasa por ser una rebelde.
Le miré asesinándolo con la mirada y seguí a mis padres hasta el coche. Durante el trayecto hasta el restaurante Andy no dejó de reírse de mí por lo bajo y hacerme burla por lo sucedido con mi mano. Maldito imbécil. Esto ni iba a quedar así.
- El fin de semana que viene vuestro padre y yo estaremos en Nueva York por una conferencia de neurocirugía – dijo mi madre – así que os quedaréis solos en casa, ¿creéis que será necesario que llame a vuestra tía Seyma para que os eche un ojo? – preguntó mirándonos a los dos de soslayo.
- ¡No! – exclamamos al unísono – sabemos cuidarnos muy bien solos – dije yo.
- Eso lo sé – dijo ella – pero no me fío de vosotros ni un pelo, siempre acabáis discutiendo y peleando cuando estáis juntos.
- Tranquila Cindy – habló Andy – te prometo que nos comportaremos.
- Venga cariño – dijo James – los niños ya son mayorcitos, Andy ya es mayor de edad, él puede encargarse de India.
- ¡No necesito un niñero! – exclamé yo.
- Tu mano vendada no dice lo mismo… - me pinchó Andy.
- ¡Pero serás imbécil! – le contesté
- ¡Te he dicho mil veces que no me llames imbécil! – respondió.
- ¡GILIPOLLAS!
- ¡Suficiente! – dijo mi madre en un grito ahogado para que los de las mesas colindantes no se percataran de nuestra riña - ¿¡Veis por qué no me fío un pelo!? Deberéis de hacer muchos méritos de aquí al sábado para que no llame a Seyma…
Andy y yo volvimos a intercambiar una mirada asesina antes de centrarnos de nuevo en nuestros platos.
De verdad que a veces la tontaina de mi hermanastra me llegaba a sacar de quicio, por su culpa íbamos a estar toda la semana bajo vigilancia extrema antes de decidir si podíamos quedarnos solos en casa o no. Intenté no meterme más con ella durante la comida para evitar que saltara su chispa discutidora y nos ganásemos otra reprimenda por parte de nuestros padres.
Al acabar de comer dimos un paseo por el parque de la ciudad, mis padres iban unos cuantos metros por delante de nosotros así que aproveché para coger del codo a mi querida hermanita y apartarla de la vista de nuestros padres unos minutos.
- ¿Se puede saber que mosca te ha picado? – le dije mirándola fijamente a los ojos.
- ¿A mí? ¿Qué mosca te ha picado a ti? Diría yo – dijo.
- Deja de comportarte ya como una niña si no quieres tener una niñera este fin de semana instalada en casa, ya sabes cómo es tía Seyma…
- Aún sigo enfada contigo, no me has pedido perdón por lo de anoche, no tengo nada que hablar contigo – se soltó de mi mano y se alejó andando unos metros.
- ¿A dónde te crees que vas? – dije cogiéndola y trayéndola de vuelta – No pienso pedirte perdón por algo que no hice mal, te guste o no eres mi hermana pequeña y si alguien se pasa contigo he de protegerte.
- Hermanastra – corrigió – y nadie te ha dado el titulo de protector del reino así que bájate esos humos y déjame vivir mi vida en paz.
Nos sostuvimos la mirada unos segundos, sus penetrantes ojos verdes me miraban brillantes de furia y me quede mudo por unos instantes. De verdad que no comprendía qué me pasaba últimamente con India, cuando me miraba, cuando me tocaba, cuando sacaba todo su mal humor hacia mí… Era como que me gustaba esa situación y esa faceta suya.
Mis padres se habían parado para ver donde nos habíamos metido y continuamos con el paseo. Durante la caminata ni India ni yo nos dirigimos la palabra. Yo la observaba de reojo cuando ella no se daba cuenta, me gustaba el movimiento que tenía de caderas cuando andaba, de pequeña parecía el palo de una escoba, pero ahora que había crecido tenía unas curvas bastante notorias. Vi por el rabillo del ojo que cada vez que movía el brazo herido hacía una mueca de dolor, aunque intentaba disimularlo yo se que le dolía a males, ese morado que había traído por la mañana no tenía pinta de ser nada saludable.
Volvimos a casa en el coche, yo iba charlando animadamente con mi padre y Cindy, pero mi hermanita estaba extrañamente callada, normalmente no estaba tan en silencio a no ser que algo le preocupase y le doliese, y mi tercer ojo decía que la mano la estaba matando.
Llegamos a casa y cada uno se fue a sus respectivas habitaciones a ponerse cómodo. Eran ya las ocho de la tarde y mañana había clase, así que dentro de nada cenaríamos y nos acostaríamos.
Estaba sentado en el salón cuando mi padre vino y se sentó a mi lado.
- Andy, hijo ¿me haces un favor? – preguntó.
- Claro papá.
- Toma – me tendió un paquete con un rollo de vendas y unos apósitos – ve a la habitación de tu hermana y cambiarle el vendaje como te enseñé – me dijo.
Mi padre, al igual que Cindy, albergaban la esperanza de que alguno de los dos, o los dos, siguiésemos sus pasos en eso de la medicina como habían hecho ellos, pero todavía no habíamos querido decepcionarlos con nuestras perspectivas de futuro. Mi idea era triunfar en el mundo de la música con la banda que tan ilusionados habíamos comenzado a formar mis amigos y yo, y mi hermana… bueno, aunque no lo dijese y lo intentara ocultar, yo la había escuchado cantar a escondidas y era realmente buena, supongo que tampoco era carne de hospital.
Con la voluntad de no defraudar a mi padre cogí el material que me tendía y me encaminé escaleras arriba. Puede que el vendaje lo hiciese medianamente bien, pero la bronca que me iba a llevar por parte de India esperaba que no fuese tan agresiva como para necesitar yo vendajes también.
Llegué a la puerta de su habitación y llamé suavemente.
- ¡Dejadme! ¡No quiero salir! – gritó desde dentro.
- Indi, soy yo – dije lo más dulcemente posible para no cabrearla aún más.
- ¡Vete! ¡IMBÉCIL! – gritó.
Yo cogí aire y abrí la puerta lentamente. La vi acostada en la cama con los auriculares puestos.
- Andy, te he dicho que fuera – dijo mientras se incorporaba.
- Shh – dije para tranquilizarla y levanté mis manos en son de paz - ¡Vale ya India! – la regañé – me ha enviado papá para revisarte el vendaje.
- ¿Te crees médico ahora? – preguntó insolente.
- No quiero discutir…- dije agotado.
Me senté en el borde de su cama y ella se incorporó hasta colocarse sentada a mi lado.
- Sé que lo de ayer te jodió – dije ahora con un tono más conciliador – pero entiende que vi a ese mamón pegándose a ti y se me hizo de noche.
- Ya Andy – dijo ella sin ánimos de discutir – pero no me gusta sentirme controlada por ti en todo momento, soy dos años menor, sí, pero no soy ya una niña…
- Lo siento… - dije al fin, no sé como lo hacía, pero siempre acababa yo disculpándome ante ella.
- Venga, a ver tus dotes médicas – me dijo tendiéndome la mano.
Le quite el vendaje despacio, prestando atención a las muecas de dolor que hacía cada vez que le rozaba la zona. Quité también la férula y dejé al descubierto sus dedos aún más morados si cabe que esta mañana.
- Diga lo que diga James, yo creo que están rotos – dijo.
- Tengo un cuerpo de acero ¿qué quieres que haga? – dije en broma, ella sonrió tímidamente.
- ¿Te duele? – dije rozando con la yema de mi dedo el suyo, la mueca de dolor se hizo más intensa y ahogó un gemido de dolor.
- Mucho.
- Lo siento.
La observé por unos momentos mientras ella relajaba el rostro, no me había parado nunca a observar lo bonita que era, su cabello castaño caía en cascada sobre sus hombros y sus ojos verdes se posaron sobre los míos. Ninguno dijo nada. Acerqué su mano herida a mis labios y los rocé con ternura, procurando no hacerle daño como antes, besé la zona de los nudillos y subí por los dedos acariciándolos con mis labios. Ella me observaba en silencio, como embrujada por alguna magia oculta, sus penetrantes ojos me observaban expectantes, como esperando ver qué ocurriría después, sus labios estaban separados levemente y como si una fuerza externa me atrapase en aquel instante me fui acercando con lentitud a su rostro, rocé mi nariz contra la suya, cerré los ojos y dejé caer mis labios sobre los suyos.
Entreabrí un poco mis labios y, para mi sorpresa ella me correspondió, me dejó entrar en su boca, introduje mi lengua despacio, con lentitud, hasta encontrarme con la suya, saboreé sus labios durante un tiempo, recreándome en disfrutar aquel beso que era, sin duda, el más maravilloso que había dado en mi vida. Acerqué más mi cuerpo a ella y coloqué mi mano tras su nuca, para poder acercarme su boca más a la mía. Acaricié su brazo con mi otra mano libre y pude notar el tacto de su piel que hizo que se me erizase el vello de la espalda.
- ¡Andy! – la voz de mi padre nos hizo sobresaltar a los dos y como si nuestros cuerpos quemasen nos separamos a una velocidad vertiginosa - ¿Cómo va lo que te he pedido?
Yo aún seguía aturdido por el beso y me costó unos segundos acordarme para qué había ido a la habitación de India.
- Esto… bien bien, creo que lo he hecho bien – dije.
- ¿Te duele? – le preguntó mi padre a mi hermanastra.
- Mucho, yo creo que los tengo rotos, al menos uno de ellos.
Mi padre presionó con su mano el vendaje de India e hizo que profiriese un grito de dolor.
- Vale, vale, lo siento, mañana te llevaré a la consulta y te haré una placa, toma – le tendió una pastilla blanca- esto te ayudará a descansar.
Mi padre se fue y nos volvimos a quedar solos en la habitación, pero la magia del momento estaba rota, en su lugar ni ella ni yo sabíamos qué decir o cómo reaccionar.
- Me voy a acostar ya Andy – dijo – no me encuentro bien.
- Sí, claro, yo me voy a mi habitación… buenas noches.
- Hasta mañana.
Bueno, bueno... empieza la acción a partir de este capítulo! Espero no decepcionaros y que os guste cómo se va a ir desarrollando la historia. Querida Crold, siempre es un placer tenerte entre mis comentaristas, aunque seas la única ;). Besoos a todoos!
Me ha gustado este capítulo, ha sido bastante intenso y travieso para mi gusto *3*
ResponderEliminarTranquila cielo, que subirán ;)