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¡Diana! ¡Diana! ¿Te importa bajar esa maldita
música infernal? ¡DIANA!
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¡¿Joder qué pasa?!
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¡La música! ¡Bájala!
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¿Pero por qué te molesta tanto? ¡Es genial!
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Es una mierda, solo se escucha a tíos chillar y
rascar la guitarra. Estoy intentando estudiar.
Era la segunda vez en lo que llevábamos de semana que le
pedía a mi compañera de piso que bajase la maldita música. Cuando acepté irme a
vivir con ella no sabía que el tener que sufrir sus momentos musicales era una
cláusula del contrato.
Volví a mi escritorio una vez más e intenté concentrarme,
pero era ya imposible. La mañana de Los Ángeles era espléndida y apetecía
disfrutarla y no quedarse encerrada en esa maldita cárcel en la que se
convertía mi casa en época de exámenes.
Miré mi teléfono y vi que tenía un mensaje de Adam. No
pude evitar sonreír a la pantalla de mi móvil. Eso era lo que necesitaba para
acabar de centrarme en los apuntes que se acumulaban sobre mi escritorio. Me
levanté de un salto y me fui a la habitación a arreglarme.
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Diana, me voy.
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¿Qué te vas? ¿A dónde? – preguntó mi compañera de
piso con un dejé de sorpresa en su voz.
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Me voy con Adam – y le dediqué una sonrisa
cuando pronuncié la última palabra.
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Eres una puta, ¿lo sabías? – dijo con un fingido
tono de indignación, yo no pude evitar estallar en carcajadas.
-
Volveré para cenar – fue mi única respuesta.
-
Que sepas que en ese plan vas a ser una mierda
de mánager – dijo.
-
Me arriesgaré.
-
¡Y usa condón guarra! – gritó a mis espaldas, pero
yo ya andaba por el pasillo en dirección a la puerta de salida.
Me vi con Adam en una cafetería del centro, estuvimos
hablando un rato e intercambiando experiencias. Era la segunda cita que tenía
con él, era guapo, inteligente, educado y estudiaba empresariales, lo que se
define como un muy buen partido, pero yo ya sabía cómo iba a acabar aquello, un
par de citas más, cama y luego si te he visto no me acuerdo por mi parte.
Todas las citas que tenía con los chicos eran así. Para
mí eran como clínex, algo que usas cuando lo necesitas y cuando se gasta se
tira. Puede que mi actitud no sea comprensible para mucha gente, o que algunos
me consideren una puta. Pero yo me veo a mi misma como una chica moderna y
libre de hacer lo que quiera. Todos los hombres que había habido en mi vida me
habían hecho sufrir, y ya estaba cansada de ser yo la que siempre lloraba.
-
¿Amanda? ¿Me estás escuchando?
Levanté la vista que se había perdido dentro de mi vaso
de café y miré a Adam a los ojos que esperaba mi respuesta con una sonrisa.
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Claro cielo.
-
Te estaba preguntando si te gustaría venir a mi
casa esta noche, ya sabes, cenar, tomarnos algo… - le sonreí al leerle los
pensamientos.
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Adam… - le dije – sabes que yo no quiero nada
serio con ningún tío, ¿verdad?
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Lo dejaste muy claro la primera cita.
-
Bien, sólo quería asegurarme de que seguía
estando claro.
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Como el agua cariño. ¿Entonces qué? ¿Nos vemos?
-
Pasa a recogerme a las ocho, ahora tengo que
irme a casa a estudiar un rato.
-
Te llevaré.
Una vez más de vuelta al hogar mi amiga Diana se había
vuelto a encerrar en el baño con aquella música infernal. Me coloqué los
tapones de los oídos e intenté hacer algo de provecho las horas que me quedaban
hasta que Adam viniese a por mí. Escuché un sonido amortiguado y me di cuenta de
que Diana estaba hablándome.
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¿Qué dices? – dije quitándome un tapón.
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Que si has follado.
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Aún no, pero esta noche…
-
¡Tía cómo te envidio! Ojala tuviese yo ese poder
de atracción sobre los hombres, debes de sentirte poderosa cuando haces eso.
Estallé en carcajadas cuando escuché el comentario de
Diana.
-
Tú también podrías hacerlo – le dije – sólo
tienes que encontrar a alguien que busque lo mismo que tú, sin compromisos y
sin mariconadas.
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Yo soy más romántica en ese sentido.
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Lo sé. Así que mientras esperas a tu príncipe
azul yo cometo adulterio con los caballeros del reino – dije haciéndole una
absurda reverencia.
Diana me arrojó la toalla que tenía enrollada en la
cabeza y aquella actitud suya me hizo gracia. La pobre siempre sufría por culpa
de los hombres, no sabía lo que se perdía.
A las ocho, puntual como un reloj, Adam vino a recogerme
a casa. Se había tomado la molestia de cocinar la cena él mismo. Su apartamento
estaba desordenado, pero no porque él fuese una persona sucia, más bien parecía
que fuese o llegase de algún sitio.
-
¿Qué son todas estas cajas? – le pregunté
mientras me ponía en la boca un trozo de pavo con queso.
-
Es parte de la noticia que tengo que darte –
dijo y yo palidecí pensando en que podía pedirme que me fuese a vivir con él.
Adam rió ante mi reacción.
-
No es lo que piensas – dijo – bueno, sólo en
parte… Me han dado una beca para estudiar en la Sorbona.
Mi tenedor cayó, o más bien lo dejé caer, con un golpe
sonoro sobre el plato. No podía creer lo que me había dicho, aunque me alegraba
por él.
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Vaya… - dije – es toda una sorpresa, ¿cuánto
tiempo te vas?
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Un año entero – dijo orgullosamente.
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¿Pero tú hablas francés?
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Oui
madame – contestó – por eso pensaba que… quizás… esta noche podríamos
pasarla juntos…
-
¿Estás intentando llevarme a la cama?
-
Creo que es lo que ambos esperamos de esta
relación.
La noche fue larga e intensa junto a Adam. No recuerdo
las veces que lo hicimos en aquella cama, pero fueron las suficientes para
sentirme satisfecha durante una temporada. Adam salía rumbo a París a los dos
días y la última vez que le vi fue cuando me dejo en casa la mañana siguiente
de nuestra noche de pasión.
Diana estaba despierta y enfrascada en sus estudios
cuando yo llegué a casa esa mañana. Tras unos cuantos insultos dirigidos a mi
vida sexual y un par de grititos histéricos y ansiosos para que le contara todo
me encerré en la ducha y me di un merecido baño. Durante el tiempo que estuve
bajo el chorro del agua caliente tuve tiempo para reflexionar sobre mí vida y
había llegado a una conclusión, necesitaba una temporada sin tíos, estar sola e
intentar encontrarme, centrarme en mis estudios y olvidarme de las citas y los
quebraderos de cabeza.
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¿Amanda Reed decide dejar de salir con chicos? –
preguntó Diana incrédula cuando se lo conté – eso es casi imposible.
-
Te lo digo en serio Diana, voy a centrarme
plenamente en mis estudios, es lo que debo hacer, si no jamás los terminaré.
-
Eso es cierto, si quieres llegar a ser una buena
mánager debes empezar poniéndote las pilas ya.
-
Quizás tengas razón…
Otra vez aquél
bosque y la luz cegadora impidiéndome ver más allá de mis narices. Los rayos
solares se colaban por las grietas que formaban los árboles dando a mi
alrededor ese aspecto misterioso pero que transmitía tanta paz al mismo tiempo
y, entonces, la veía, entre los árboles, asomándose con esa sonrisa traviesa
siempre que hacía algo que sabía que no estaba bien, entonces intentaba
acercarme a ella y cuando estaba a punto de alcanzarla desaparecía, volviendo a
aparecer unos árboles más allá. El proceso se repetía hasta que la luz del
bosque se volvía oscura, mis pasos se ralentizaban y a ella se la llevaba una
sombra. La angustia me oprimía el pecho y me despertaba sudoroso y agitado por
lo vivido.
-
Andy tío,
¿estás bien?
La luz nocturna se
colaba por las ventanas de nuestro bus de la gira, miré el reloj de al lado de
mi cama, tan sólo eran las tres de la madrugada, no hacía ni una hora que nos
habíamos acostado y ya había vuelto a mi subconsciente aquel inquietante sueño.
Ashley se había despertado y estaba inclinado sobre mi cama.
-
Sí, estoy
bien, sólo ha sido una pesadilla.
-
¿Aún estás
así? – bufó – Joder, creo que deberías buscar ayuda.
-
Estoy bien
Ashley.
-
No, no lo
estás, han pasado ya cinco años y aún no lo has superado.
-
¡Joder no
es tan sencillo! – exclamé intentando no subir mucho mi tono de voz para no
despertar a mis amigos que dormían a nuestro alrededor.
Ashley me miró con
un gesto de empatía en su cara.
-
Lo sé
Andy, pero tú no eres el mismo, desde aquel día dejaste de ser el Andy que
todos conocíamos. Mira donde estamos. ¡Hemos conseguido lo que siempre habíamos
querido! Y tú pareces no disfrutarlo, como si todo esto no fuese contigo.
-
Hubiese
preferido que ella estuviese aquí para verlo.
Ashley no dijo nada
más, escuche como se volvía a acomodar en su cama. Yo me acosté de lado y me
cubrí con la manta, aunque me fue ya prácticamente imposible pegar ojo.
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¡AAAAASHLEY!¡AAAAAAASHLEEEEY!¡GILIPOLLAS!
Los gritos de
alguien en el recinto donde teníamos instalado el autobús hizo que me
despertase de un salto. Hacía poco que había conseguido conciliar el sueño y
despertarme de aquella manera me había sentado como una jarra de agua fría.
Me asomé cabreado a
la ventana y asomé la cabeza para ver quien había sido el cabrón que me había
despertado. Encontré a los chicos jugando a lo que a mí me pareció era rugby en
la explanada de detrás del local donde tocábamos aquella noche, con los chicos
de Attack!Attack! Jinxx me vio asomado y me saludo con efusividad.
-
¡Andy! –
exclamó - ¡Ven! ¡Nos hace falta uno más para darles una paliza a estos
cabrones!
Bufé con pesadez y
me volví a meter en el bus. Me tumbé sobre la cama y me froté la cara con las
manos. Me quedé en esa posición unos minutos, mirando al techo mientras
reflexionaba. Lo que dijo Ashley ayer era verdad, habíamos conseguido lo que
queríamos, ahora éramos un grupo de verdad, Black Veil Brides, teníamos un
ejército de fans que nos seguía a todos lados, las críticas eran todas a
nuestro favor… Debía estarle eternamente agradecido a aquel cazatalentos que
nos vio en uno de nuestros conciertos y nos dio una oportunidad. Gracias a él
habíamos firmado nuestro primer contrato con una buena discográfica, habíamos
lanzado nuestro primer álbum y ahora disfrutábamos de nuestra primera gira por
Estados Unidos, iba a ser una temporada larga, viajando de aquí a allá,
durmiendo poco y tocando mucho. Los chicos estaban eufóricos, disfrutando de la
experiencia al máximo, habíamos hecho muchos amigos por el camino, músicos y
artistas que ya eran como amigos de toda la vida, sin embargo, yo parecía no
ser capaz de disfrutarlo como debería. Estaba feliz por lo conseguido, por fin
nuestro trabajo había tenido resultados, pero faltaba una parte importante de
mí. La más importante diría yo.
Sacudí la cabeza
aleando esos tristes pensamientos de mi mente y me sequé los ojos que se habían
humedecido por el recuerdo. Me levanté de un salto y me puse algo de ropa,
sería cuestión de salir y darles una paliza al rugby a esas nenazas de
Attack!Attack!.
Puntual como un reloj, aquí el capítulo de la semana. Espero que los disfrutéis. Os aseguro que esta parte no os decepcionará. Muchas gracias a todas las que habéis dedicado unos minutos de vuestro tiempo a leer y comentar mi blog, gracias a vosotras me motivo a escribir día a día. También espero capítulos nuevos de mis bloggers favoritas!!
Me encanto, ohh nuevo personaje Amanda me gusto la decisión q tomo sobre dejar de ver tios estoy de acuerdo con eso, mmm para mi q ella sera el nuevo amor de Andy ojala q siiiii y lo ayude a superar la muerte de India pobresito me da cosita ha sufrido mucho durante 5 años, guaoo el tiempo paso volando.. siguela xfiis me encanto esperare el próximo cap con muchas ansias!!!! pasate x mi fic es sobre lobos, darknesslight-fanfic.blogspot.com
ResponderEliminarWoooooooooooooooooooow. Todo ha cambiado mucho.
ResponderEliminarEs extraño no ver a India de allá para acá combatiendo su asma. Pero bueno, nueva temporada, nueva protagonista.
Ya tengo ganas de ver qué ha pasado con Cornelia y Dann, me gustaría seguir sabiendo de ellos de vez en cuando y que no fuesen personajes perdidos. Se les coge cariño, jajajaja.
Se ve interesante y más o menos puedo imaginar qué pasará.
¡Espero el siguiente!
NOS VEMOS
¡Besos!<3