domingo, 23 de febrero de 2014

CAPÍTULO 15

Estaba sentada en la cama con la mirada perdida en algún punto de la pared de mi dormitorio mientras Cornelia leía una y otra y otra vez las cartas que la madre de Dann me había dado.

-          Pero… esto… no puede ser – dijo mi amiga sin apartar la vista de ellas – o sea que ¡está enamorado de ti! – exclamó sin ningún tipo de reacción por mi parte - ¡INDIA!
-          ¿Eh? – dije saliendo de mi trance – sí sí, eso parece.
-          ¿Y lo sabe alguien más? – preguntó.

En aquel momento no pude evitar pensar en Andy y que la sangre me hirviese bajo la piel.

-          El imbécil de Andy entró en mi cuarto y me arrancó la carta de las manos, sólo leyó la primera.
-          ¿Tú crees que está celoso?
-          No sé… el otro día lo hicimos en la ducha, con mi padres en casa.
-          ¿¡Qué!?
-          Se metió en el baño y… pasó. Me dijo que sabía que estaba mal, pero que ya no podía parar.
-          Yo creo que se ha obsesionado contigo. Tú, ¿le quieres? Como algo más…
-          No había sentido nada así por nadie, eso es verdad, pero tampoco sé muy bien cómo hacerlo, ¿qué es lo siguiente? Él y yo nunca podremos tener una relación normal, es imposible.

Callamos en seco cuando escuchamos a mi madre entrar en la habitación. Había conseguido que mis padres dejasen que Cornelia se quedase a dormir en casa diciendo que teníamos examen al día siguiente y queríamos estudiar juntas.

-          ¿Bajáis a cenar? – preguntó.
-          Sí mamá, ahora vamos.


La cena transcurrió un tanto incómoda, yo sabía lo de Cornelia con Purdy, ella sabía lo mío con India e India seguro que se lo había contado todo. Cuando terminaron ellas dos subieron a su cuarto y yo me conseguí escabullir un par de horas a casa de Christian para ensayar con los chicos. El nuevo batería era realmente bueno, todos nos sorprendimos al escucharle tocar, no cabe duda que nada mas tocamos la primera canción con él entró a formar parte de la banda.

Cuando llegué a casa la luz del cuarto de India seguía encendida y sentí la necesidad de ir a hablar con ella. Llamé a su puerta con los nudillos y la entreabrí.

-          ¿Puedo pasar? - pregunté.

Ella y Cornelia intercambiaron una mirada cómplice ante mi pregunta.

-          Vengo en son de paz – prometí – India, sólo quería hablar un momento asolas contigo, sí es posible.
-          Estoy ocupada Andy. Mañana tenemos examen.
-          No es verdad. Sé que Conrelia ha venido por lo de las malditas carta de vuestro amiguito.

Las dos se quedaron en silencio y volvieron a intercambiar una mirada entre ellas. Vi como Cornelia le daba un codazo disimuladamente y la forzaba a que viniese a hablar conmigo.

India se levantó con pesadez y cerró la puerta tras de sí.

-          ¿Qué quieres Andy? – preguntó sin mirarme a la cara – sé breve.
-          Sólo quería disculparme, lo siento, no debí de arrancarte la carta de las manos y mucho menos entrar en tu cuarto sin permiso, fui un cabrón.
-          De acuerdo, ¿algo más?
-          Necesito saber que me perdonas.
-          Andy… -contestó con cansancio – estoy harta de que seas así y de que te comportes conmigo de esa manera. Primero dices que lo nuestro estuvo mal y me evitas, luego me hechas un polvo en la ducha, y luego montas un numerito de celos cuando te enteras que mi mejor amigo está enamorado de mi, ¿a qué juegas?
-          A volverme loco contigo – le respondí.
-          Como tú bien dijiste, lo nuestro es imposible.
-          Lo sé, pero mientras deja que pequé contigo, de todas formas, voy a ir al infierno.

Atisbé una tímida sonrisa asomándose por la comisura de sus labios cuando pronuncié aquellas palabras y aquella reacción provocó que mi corazón diese un vuelco de alegría.

-          Tengo que volver dentro – dijo con un tono más cordial – mañana hablamos.

Y dicho esto me dedicó una inocente mirada entre sus pestañas antes de que la puerta de su habitación se cerrase delante de mí.


Habían pasado ya dos semanas desde que el problema de Dann nos había arrastrado como un tsunami, ahora, quince días después, él parecía estar algo más recuperado y nosotras ya no temíamos por su vida. Aquel día, Dann se incorporaba a las clases después de su reposo y tratamiento psicológico en casa. Quizás, yo estaba más nerviosa de lo que podría estarlo él, Cornelia y yo habíamos ido a visitarle a su casa en contadas ocasiones, pero en ninguna de ellas había podido sacarle el tema de las cartas y su contenido.

Necesitaba decirle que lo sabía y que él me diese una explicación de su propia boca, este tema no podía quedarse enterrado en el pasado como una mera anécdota puesto que, para mí, no lo era.

Esperé a Andy, como cada mañana, en el recibidor de casa para ir los dos juntos al instituto. Nuestra relación estaba atascada en el sexo y las peleas, podría definirse como una verdadera relación amor-odio, pero, aún así, continuábamos con ella, quizás porque no sabíamos como continuarla o, quizás, y más acertadamente, porque teníamos miedo de dar un paso más.

La primavera había llegado y con ella mis desagradables ataques de asma producidos por los alérgenos que flotaban en el ambiente. De camino a clase tuvimos que parar un par de veces porque me fatigaba, algo normal en aquella época del año. Andy, como siempre, se mostró atento y paciente mientras yo andaba arrastrando los pies y mi alma por el camino, suerte que tenía a mano los benditos inhaladores que siempre me salvaban la jugada.

-          ¿Nos vemos después de clase? – dijo Andy al llegar a la entrada.
-          ¿Hoy no tocas con tus amigos? – pregunté.
-          Ellos van a quedar, pero… prefiero aprovechar el tiempo contigo.

Me dedicó una de esas sonrisas socarronas que sólo él sabía poner. Eso sólo podía significar una cosa. Sexo prohibido después de clase.

-          Nos vemos luego – dije, y me fui a clase.

Antes de entrar en el aula me tuve que parar un par de veces a toser. En una de esas veces, mi mano apareció llena de puntitos rojos. Jamás en la vida había tosido sangre, pero bueno, supuse que podría ser algo normal en una época como aquella y seguí con mis quehaceres.

Entré a clase y me uní a Cornelia y Dann que ya estaban allí. Mi amiga me miró, expectante, preguntándome con la mirada si iba a hablar con él sobre las cartas. Debía, pero no en aquel momento, tenía que esperar a encontrar el momento adecuado para sacarle el tema, o instarle a que él me lo sacase a mí.

Dann parecía más animado, aunque en sus ojos se podía leer aún algo de la depresión que decía el médico que se aquejaba, al menos, le hicimos sonreír un par de veces. Sam y Farrah, que se sentaron un par de pupitres a la izquierda de nosotros nos ignoraron por completo, más les valía, pues estaba segura que ellos le proporcionaron a Dann las drogas aquella noche.

Encontramos nuestro momento de intimidad en el descanso de la mañana. Le pedí a Cornelia que se excusase diciendo que tenía que irse a cualquier sitio y que nos dejase solos. Después le contaría todo lo que hubiésemos hablado.

Cuando nos quedamos asolas Dann se mantuvo en silencio, como si yo no estuviese allí con él. Necesitaba sacarle el tema, saber la verdad de su boca, pero no sabía cómo hacerlo, él lo hizo por mí.

-          Supongo que ya lo sabes – dijo
-          ¿Saber el qué?
-          No te hagas la tonta India, sé que mi madre te las dio.

Se hizo el silencio entre nosotros un instante más.

-          Creo que no hay nada más que decir – dijo, todo esto, incapaz de mirarme a los ojos.
-          Lo que no entiendo es por qué no me lo contaste tú y me tuve que enterar de esa manera.

Dann bufó mientras se cubría el rostro con las manos y dirigía la mirada al suelo.

-          ¿Crees que era tan fácil? Después de que te liaste con Andy todo mi mundo que había construido alrededor de ti se vino abajo.
-          Eso no es excusa para hacer lo que hiciste – dije.
-          No lo hice por eso exactamente – contestó – fue por frustración. Por todo en mi vida, no solo por ti.
-          Si me lo hubieses contado…
-          ¿Tenía alguna oportunidad contigo?

Otro silencio incómodo. Quería a Dann, claro que le quería, pero como amigo. Jamás le vi con otros ojos que no fuesen esos, además, yo ahora solo tenía ojos para Andy.

-          Dann…
-          No hace falta que contestes, ya sé la respuesta… - hizo una pausa en su discurso – me voy.
-          ¿Cómo que te vas? – pregunté y la sangre se me heló.
-          Mis padres han decidido mudarse de esta ciudad, nos vamos a Nebraska, cuando acabe el curso nos vamos.

Me quedé muda ante sus palabras, mi mejor amigo se iba de la ciudad para siempre. No podía ser verdad. Me levanté lentamente del banco donde estaba sentada y caminé en dirección hacia el interior del instituto.

-          ¡Eh ya estás aquí! ¿Cómo ha ido? ¿Habéis hablado? – Cornelia me avasalló a preguntas en el pasillo del instituto pero para mí su voz se me antojaba algo muy lejano - ¡INDIA! – me sacudió - ¡Di algo!
-          Se va – conseguí decir.
-          ¿Se va? ¿Cómo que se va? ¿Quién se va?
-          Dann… se va. A Nebraska. Cuando acabe el curso.

Al igual que me había pasado a mí cuando me lo había dicho Cornelia se quedó paralizada como una estatua. Las dos nos miramos sin decir nada. En aquel momento noté una angustia terrible y un sudor frío recorriéndome la espalda y tuve que correr al baño. Vomité lo poco que había comido aquella mañana y tosí, tosí mucho, y el retrete volvió a llenarse de puntitos rojos como mi mano horas antes.


De camino a casa había notado a India muy extraña. Su mirada se había apagado notablemente desde esta mañana cuando la había visto por última vez, vislumbré unas oscuras ojeras asomando por debajo de sus ojos y su andar era pesado, arrastrando los pies. Aunque le había preguntado qué tal el día ella había insistido en que había sido normal, que sólo estaba cansada por el efecto de la primavera.

Cuando llegamos a casa lo primero que hizo fue ir a acostarse, maldecía su enfermedad y la manera que la hacía sentir. Esperaba poder tener una tarde de sexo salvaje en casa antes de que viniesen nuestros padres, pero el plan se había ido al garete. Entré un par de veces en su cuarto para ver si estaba despierta o si se encontraba mal, pero todas las veces dormía plácidamente, así que llamé a Ashley y nos fuimos a ensayar a casa de Christian.

-          Me la tiro, os lo digo en serio, dos citas más y…

Ashley nos estaba contando con pelos y señales la cita que había tenido con Cornelia la última noche, parecía que la inocente y pura amiga de India iba a caer en las garras del mismísimo demonio si seguía en ese plan.

-          Joder qué culo, qué tetas… ¡Madre mía!
-          ¡Ashley déjalo ya! No nos interesa tu maldito magreo con Cornelia, ¿o es que acaso quieres que te cuente con todo lujo de detalles como me follo yo a India? – todos a mi alrededor se echaron a reír.
-          Sí estás dispuesto… somos todo oídos – dijo Jinxx acomodándose en su asiento.
-          ¡Ah iros a la mierda! – les contesté levantándome de la silla – y venga, poneos a ensayar.

Llevábamos como media hora ensayando cuando noté que mi móvil vibraba dentro del bolsillo de mi pantalón, estuve a punto de ignorarlo, pero hicimos un descanso y lo contesté. Era India.

-          ¿India? – pregunté algo sorprendido por su llamada.
-          Andy…. – escuché que respiraba con dificultad - tienes que venir a casa, James y mamá no me cogen el teléfono, estoy asustada…
-          ¿Pero qué pasa? – pregunté algo inquieto.
-          No me encuentro bien… - la escuché toser de una forma muy desagradable – ven a casa, por favor.
-          En diez minutos estoy allí.

Mis amigos me observaban expectantes, su rostro había cambiado de la perversión inicial cuando escucharon que era India a la preocupación al escuchar mi tono de voz.

-          Lo siento, tengo que irme, India no se encuentra bien.
-          ¿Quieres que te acompañemos a casa? - preguntó Jake.
-          No, no, no os preocupéis – y dicho esto salí hacia casa como alma que lleva el diablo.

Todo parecía extrañamente en calma cuando llegué. Silencio absoluto.

-          ¿India? – pregunté con voz temblorosa mientras dejaba caer mi chaqueta al suelo - ¿¡INDIA!? – volví a llamarla, pero nada.

Subí las escaleras de dos en dos, me temblaban las piernas. El corazón casi se me salió del pecho cuando entré en su cuarto. Aquello parecía el escenario de la matanza de Texas. La cama y el suelo estaban llenos de charcos de sangre oscura. Mis ojos volaron nerviosos por la estancia, viendo sin ver y encontré a India en un rincón de la misma, tirada en el suelo.

-          India – susurré más que grité - ¡Eh! ¡Dime algo por favor! – dije mientras la zarandeaba -  ¡INDIA JODER! – grité, pero sin obtener respuesta alguna.

La incorporé e intenté reanimarla como pude pero sin éxito. Su rostro era pálido como el de un cadáver y su cuerpo no respondía a ninguna orden. Comprobé que su corazón seguía latiendo, aunque débilmente, y respiraba con dificultad.

No recuerdo las veces que estuve llamando a mi padre sin que me contestara, la hija de puta de la recepcionista creo que no entendió el término “de vida o muerte” porque me repetía una y otra vez que el Doctor Biersack estaba en una operación. Cuando por fin conseguí hablar con él no pude evitar perder los estribos.

-          ¿Pero qué pasa Andy?
-          ¡Joder papá! ¡QUÉ NO RESPIRA! ¡NO RESPIRA!
-          Tranquilízate – dijo - ¿quién no respira?
-          ¡INDIA! ¿QUIÉN COÑO VA A SER?
-          Voy para allá.

Mientras esperaba intenté mantenerla lo más erguida que pude, para evitar que se tragase la sangre que salía de su boca. Intenté estimularla para obtener de ella alguna respuesta, pero fue en vano, lo único que hice al final fue sentarme en el suelo y sostenerla en mis brazos, rezando a un Dios en el que no creía para que no se la llevase y la dejase aquí conmigo.

Escuché un sonoro portazo seguido de unos pasos nerviosos subiendo las escaleras. Mi padre y Cindy habían llegado a casa en tiempo récord. Mi madrastra se tapó la boca con las manos al ver el panorama. Mi padre, en cambio, se abalanzó sobre nosotros y me arrancó a India de los brazos.

-          ¡Cindy llama a una ambulancia! ¡Rápido! – dijo.

Comenzó a sacar cosas de un maletín de médico que había traído con él. Intubaron a India y le cogieron una vía para pasarle fluidos y evitar que se deshidratara. Mientras hacían todo eso yo estaba sentado en la misma posición en la que me habían encontrado, llorando como un niño pequeño. Mi padre se acercó a mí y me miró con indulgencia.

-          Todo saldrá bien – me dijo.

La ambulancia llegó en lo que a mí me pareció fue una eternidad. Los médicos acomodaron a India en una camilla y le conectaron aún más tubos y cables si cabe.

-          Tengo que ir con ella papá – le miré suplicante – por favor.
-          Andy…
-          Papá – le dije desesperado – sabes que debo ir con ella.

Mi padre comprendió y convenció a los médicos de la ambulancia para que me dejasen acompañarla. Durante el trayecto, el más largo de mi vida, India seguía sin reaccionar, los médicos hacían lo que podían, pero había escuchado los rumores de que había perdido mucha sangre y estaba en coma.

Al llegar al hospital mis padres ya estaban allí. Bajaron a India del vehículo y se la llevaron al servicio de Urgencias, donde ya no me fue posible entrar. Esperamos y esperamos durante interminables horas, el cansancio y el agotamiento tanto físico como psíquico comenzaban a hacer mella en mí, pero me negaba a cerrar los ojos hasta que volviese a verla. Tanto mi padre como Cindy se acercaban al mostrador de información, preguntaban por ella y, por ser quienes eran, conseguían algo de información privilegiada que otros no pueden obtener. Me ofrecieron algo de comida, pero yo la rechacé toda, mi estómago estaba completamente cerrado.

Por fin, un hombre vestido completamente de verde de pies a cabeza salió por una de las puertas y nos aviso de que India estaba ya instalada en una habitación. Le habían transfundido dos bolsas de sangre y parecía que habían conseguido estabilizarla, pero estaba aún muy débil.

Anduve por delante de mis padres hasta la habitación de India y entré sin llamar. Una enfermera ultimaba la colocación de un gotero y al vernos entrar se marcho dejándonos algo de intimidad con ella. En mi cara se dibujó una sonrisa de felicidad al ver a mi hermanastra consciente, aunque débil, estaba feliz de ver que por fin había conseguido despertar. Estaba guapísima. Me acerqué a ella y la tomé de la mano con delicadeza.

-          ¿Cómo te encuentras cariño? – dije acariciándole el pelo.
-          Algo mejor – susurró débilmente.
-          Me has dado un susto de muerte – dije.
-          Lo siento, siento haberte asustado.
-          Ya está mi vida, lo importante es que estás bien.

Sabía que mis padres estaban detrás de mí, pero no me importaba, ya nada me importaba, saber que India estaba bien era lo más importante para mí, lo demás era tontería.

Pasé dos días y dos noches a su lado, seguía débil pero mi compañía la hacía revivir un poco más. Intentaba que no le faltase de nada, que estuviese cómoda y que se sintiese acompañada. El segundo día Cindy vino a hablar conmigo.

-          Andy – dijo con un tono cordial – deberías ir a casa cielo. Ducharte, comer algo y descansar. Luego puedes volver.
-          No me separaré de su lado – dije rotundo.
-          Andy… - dijo mi padre – Cindy tiene razón, te llevaré a casa, esta tarde te traeré de vuelta.

Tras mucho insistir al final acepté sus insistencias y me marché a casa. Mi padre volvió al hospital y yo me aseé, hablé con mis amigos, comí algo y a las ocho estaba listo para volver. Llamé a mi padre durante media hora, sin respuesta, al final, nervioso, decidí salir y coger un taxi hasta el hospital.

Pasé por una pequeña tienda en la planta baja y compré un ramo de flores para India, subía hasta su habitación pero, estaba vacía. Comprobé diecisiete veces que no me había equivocado y que estaba en el lugar correcto, pero nada.

Volví a llamar a mi padre, esta vez con más insistencia y desesperación. Pero no me contestó. A los quince minutos apareció por la planta, andando cabizbajo y con los labios apretados. Se aceró a mí y colocó su mano en mi hombro. Sus palabras no las olvidaré jamás.


-          Lo siento Andy – dijo – India ha muerto. 



Y éste, señoras y señores, es el último capítulo de la primera parte del fic. Durante estos días subiré un aviso explicando los diferentes personajes que aparecerán en la segunda parte. Espero que os haya gustado y hayas disfrutado leyendo esta primera parte tanto como yo escribiéndola. Por cierto, Crold, ¡¡¡¡¿¿CÓMO QUE HAS CERRADO EL BLOG!!!??? ¡¡¡¿¿¿POR QUÉ!!!??? ¡Sabes que era muy fan de tu historia! :( ¿Eso significa que ya no habrá más fic? Y en cuanto a Nely Biersack Drew, espero con impaciencia actualización de tu historia, hace ya tiempo que no subes cap.... Xioralyng Rodriguez, muchas gracias por tus comments, me alegra saber que sigues mi historia y que te gusta. A todos los demás que me leéis pero que no os manifestáis espero que os animéis a comentar, siempre viene bien saber que a a gente le gusta lo que escribes. Un beso a tod@s!

3 comentarios:

  1. Diooos no me lo esperaba!! Porqueee?!?! Espero con impaciencia la segunda parte
    PD: me encanta tu blog ^.^

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  2. Queeee como q India murió???? no puedo creerlo quede :O ahora entiendo menos.. espero la segunda parte con mucha ansias sube pronto xfiiis no me dejes con esta intriga :( pobre Andy :(.. me encantoooo amo tu blog!!!!

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  3. ¡¡¡India no puede morir!!! Dime que la revives aunque sea en una maceta ¬¬'''
    Me encantó el capítulo, aunque la mataste *.* No me lo esperaba (y sí, hoy estoy bipolar jajaja)

    Sí cielo, por ahora estoy con las clases liada, sumamente cansada y sé lo que quiero escribir pero no soy capaz así que estoy unas semanitas de descanso y me pongo a ello otra vez. Espero que este finde ya sea el definitivo y traiga nuevas cositas ;)

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